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Pienso que todas las personas que quiero y que todavía me quieren, me quieren porque se han tomado el tiempo para hacerlo y porque yo he tenido tiempo para demostrar algo de mí. Me gustaría que alguien me quisiera rápidamente, incipientemente, sin que yo demuestre nada. Y sin plazo.

Me molesta el sentimiento que se nombra pero no se profesa. Si no se va a ejercer, ¿para qué la farsa de investirlo ante mí? Que no se mencione, que ni siquiera se sienta.

No creo que alguna vez me haya enamorado, pero si definiera la ilusión que he sentido a veces, sería:

Creer que es posible que dos oídos de cabezas diferentes, uno izquierdo y otro derecho-, escuchen en estéreo, mientras lo quieran.

Mientras unx de lxs dos quiera.

Hasta que unx de lxs dos.





Es tan cobarde, se me ofusca el alma. Aun con esas palabras, aun con esas imágenes, no se atrevió a crear. ¿Cómo se atrevería a querer?

Creo que a nadie le duele perderme. Eso no dice nada de mí ni de ellxs. Pero creo que quiero a personas que no les importa dejar ir. O personas que nunca van a admitir, sea por la razón que sea, que les pesa mi ausencia.

En fin, me gustaría ser difícil de olvidar.
Más precisamente, 
me gustarían tres cosas imposibles:

Que quien se fue, lamente haberse ido.
Que quien lamente haberse ido, se vuelva a acercar.
Que quien se vuelva a acercar, yo quiera seguirle teniendo cerca.
Recuerdo haberme lavado la cara, mirar mis ojos edulcorados y pensar que toda la ternura que estaba recibiendo no podía ser de otra forma, que era consecuencia de mis tiempos, mis decisiones y aprendizajes. Casi sentí que estaba viviendo mi recompensa, un premio dulce y encantador por decidir ser como soy ante mí y ante elle.

Se sentía divertido y hermoso. 

Ahora mi rostro ha cambiado y cuando me lavo la cara no reconozco en mi mirada ninguna ternura ajena. No quiero pensar así otra vez cuando el cariño de alguien se sienta un sol que abriga leve y manso. Porque después, cuando llega la sombra rotunda, solo pienso: ¿si antes merecía el calor, ahora merezco el frío? 

Y es que merezco esta soledad, desde siempre. ¿Por qué merezco esta soledad, desde siempre? Quiero que alguien me responda mientras siento sus codos en mis rodillas y mis costillas en mi su oído.

Yo no sé qué podría extrañar de mí. Pero a veces quisiera que le pareciera aburrido ya no encontrar borra de azúcar en la taza de té.

Ahora que conocí tu abrazo, pensé: tu abrazo tiene otro ritmo. Un ritmo futurista, un ritmo de quebrantahuesos. Pero es suave y me deja escuchar lo que pasa por debajo de tu piel. 

Cuando probé su boca, pensé: su beso tiene otros acentos. Es vertiginoso, un pajarito travieso. Pero es tierno y cálido el jugueteo del chercán con mi lengua.

No había sentido antes tanta diferencia en un abrazo y en un beso. No hablo de ninguna carga emotiva que los volviera especiales, sino de la singularidad física. Como si tú y elle entendieran otra cosa por tocar.

Lo curioso es que no volviste a abrazarme así. Y elle no volvió a besarme así. ¿Se disolvieron esos gestos dentro de mi propio gesto? ¿Se esfumó la particularidad junto con la timidez del inicio? ¿Era solo la novedad, que cuando se fue dejó lo cotidiano?

Me gustaría poder proteger esos gestos, que sigan teniendo la astilla de lo que recién empieza a habitarse. Que habitar un cuerpo no se vuelva hábito:

Como tú actuándome y yo rapeándote por primera vez, única vez, cuándo otra vez.






No puedo dormir. Es que me pone contenta que vas a venir. Me pone contenta que verte la cara me dará calma. Me dará calma después de unos primeros cinco segundos de no entender, de rabiosamente no entender cómo la bondad de pronto tiene piel, ojos transparentes y boca dulce. Me pone contenta que vas a venir porque nos divertiremos mucho y vamos a crear un montón. Sí, estoy de acuerdo con Celine, es cierto que todos lxs amantes creen que inventaron algo nuevo, pero esto es serio: necesito inventar algo para caminar contigo, porque no tengo suelo para andar ni techo para dormir. Lo inventaremos juntxs, caminando no más, porque así se hace el camino y va a ser tan divertido, vamos a jugar mucho y cuando se acabe el juego, lo despediremos contentxs y seguiremos jugando otro juego más, siempre otro juego más.

De camino a Coquimbo, escuchando a Silvana Estrada en un bus con vidrios que vuelven el paisaje un tono sepia, pienso en cómo. Cómo llegué a enredarme en esa tibieza tan vergonzosa que ni me permitió sentir en tiempo real cuándo empecé a tener frío. Cómo permití hacer de la silvestre indefinición algo tan insulso, insípido y pusilánime.

Entonces me doy cuenta de que fui infectada vía oral con La enfermedad del siglo. Solo me queda desear fervientemente que sea una afección inmunizante. Sí, es cierto, no tengo ni quiero ninguna cosa nombrable. Pero menos quiero rodear mi piel de algo que se pueda llamar Cobardía. No va con mi saliva.

"Ya no vivo por vivir" decía Juanga porque se había enamorado. Y hay gente que se enamora de sus hijxs o de sus animales o de una causa, entonces por fin ya no deben vivir por vivir y viven por alguien. Si no se tiene a nada ni nadie, ¿cómo se hace? No sé cuánto más aguanten mis pies, mis pulmones y mi sangre, trabajando porque sí.

Siempre siento sed. Que mis huesos reposen sobre otros huesos es una quimera siempre. Que mi cuerpo descanse de la gravedad sobre otro cuerpo es un una quimera siempre. Pero no me acerco. No me acerco. Se me olvida o no quiero o no sirve o no es eso. No sé.

para donde se va la voz en los semáforos

Cantaba una voz algo que no recuerdo, pero era un canto cariñoso.

- No siento lo mismo -, alguien respondió.

Entonces la boca de la voz que cantaba sonríe y dice:

- Qué alivio, eso quiere decir que no me vas a querer, que no me vas a tener, que no me quieres tocar, tú solo quieres estar aquí.

Nota

cariñito en la espalda, abrazar por el cuello desde atrás y alboroto en el pelo de la línea de la frente.

Nací para el amor dijo Antígona. Que no tenía amigos sino amores decía Lemebel. Pero Lemebel lo dijo desde su propia boquita y a Antígona le metió esas palabras un hombre. Hay tanta gente asquerosa que también habla de amor.

matar por amor por amor por amor por amor por amor por amor hacer cruzadas por amor por amor por amor por amor por amor por amor prohibir por amor por amor por amor por amor por amor por amor por amor colonizar por amor por amor por amor por amor torturar por amor por amor por amor evangelizar por amor con amor por amor con amor por amor con amor desterrar por amor con amor por amor transgredir los límites que te cuidan por amor con amor por amor con amor por amor con amor ceder forzosamente tu consentimiento por amor con amor por amor con amor maltratar con amor con amor no denunciar por amor con amor por amor rechazar con amor

Es un monstruo sin cara que domina todo con su eslogan hipnotizador. Devora y después escupe. Disfraza sus fechorías de bondad, sacrificio, virtud.

Yo, me asusto, me asqueo y pienso que no quiero haber nacido para ésto. Me atreveré a autoxiliarme de la patria del Amor, pregunto. Traspasar la frontera, elegir los territorios yermos o quizá solo secos, hasta encontrar algún páramo o estepa. Alimentarme de semillas y hojas silvestres cercanas a los senderos; las uvillas del afecto. Frutos que quizá no tienen nombre o se han olvidado, que parecen pobres de cualquier valor pero nutren y resisten más que lo propio de la ciudad. Y mientras voy por caminos inhóspitos y solitarios, descubrir rastros o señas que me indiquen que otra personita también anduvo por ahí y no debe estar lejos. Entonces sentir cómo suben otros calores, otros colores, otras ternuras.  Pregunto. Y me pido. Y me incito.

« »

A veces pienso que el Amor es un filtro no más. Una mezcla entre moral, religión, otros sistemas y Disney, con la que se ven las cosas. Me da curiosidad pensar: si no existiera ese concepto, cómo nombraríamos lo que incluimos en él. Hablaríamos de confianza, complicidad, reciprocidad, cuidado, todo eso que dijiste en tu correo. Me dan ganas de suprimirlo, como suprimíamos en el colegio (se supone) algunos elementos de la división de fracciones que estaba en la pizarra. Eso de tachar lo que se repite arriba y abajo de la rayita. Me dan ganas de suprimirlo y ver qué queda. Seguro quedan muchas cosas. Eso que me anda por aquí es la sensación de una pregunta interna parecida a cuando dicen "¿por qué no afrontamos las relaciones románticas como entendemos las amistades?, sería más fácil". Pero más bien una inquietud que se acerca a algo como "¿por qué no vemos este sentimiento amoroso (hacia quien sea, a la familia, a une crush, a la(s) pareja(s) o incluso a nosotres mismes) como se ve cualquier cosa? no es muy distinto". Quizá no es lo más puro, lo más sublime, quizá haya otras cosas más estúpidas o (no, más estúpidas no creo, pero sí) más excelsas, aunque la violeta hermosa diga cosas preciosas cuando vuelve a los diecisiete. Me parece un cuento más no más. Como Dios, la Verdad, la Justicia... otro valor súper añejo y pasado a machitos como Aristóteles. Otra antigua palabra rara amiguita de las hybris, las sofrosyne, esas cuestiones griegas de la tragedia y la poética (qué chistoso que justo sean esas dos palabras). Aunque obvio, un tópico muy entretenido para algunas películas y muchas canciones.

no quiero pedirle peras al olmo
(yo soy mi propio olmo)

ni andar metiendo ruido 
pa' que sean tres nueces con suerte

ya no sé qué es mi corazón
no sé si ha sido domesticado
o nunca fue silvestre

es un musculito sin forma, parece
una fruta madura que pisé con mi zapato
y acabo de darme cuenta

no quiero pedirle peras al olmo o sámaras al peral
o chañares al guayacán, qué sé yo

¿desde cuándo lo traigo así?
quizá qué será lo que tenía en mi suela.




Notas mentales

(1) Nydia Pando se merece todas las odas.
(2) Cuando grande quiero ser como la amiga de Gabriela Wiener.
(3) El versito de Jorge Drexler que dice ¿Quién quiere que yo quiera lo que creo que quiero? me parece una pregunta muy queer (sin intención, supongo).
Amar es fácil. Sólo se necesita una excusa. Cualquiera.




Siempre encuentro una excusa para el amor

¿Dónde el amor suave y puro?
Que no raje nada para nacer
Que sea completamente seguro.