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Debería aprender a hablar. No hacerme caso en eso del silencio. A veces el silencio da vergüenza y es asqueroso. ¿Qué hace que me calle? No sé qué me hace negar como si nada que a veces la palabra sí es importante y que ponerlo en duda es otro privilegio más.

tantas cosas inefables dejadas a la penumbra de la lengua. pero qué hace que diferentes culturas hayan querido nombrar la mismas cosas -por qué es necesario decir calambre, cosquilla, amor. y qué es lo que hizo que en algunos pedazos de tierra fuera urgente denominar algo y en otro lado no. o cuál es la causa de que algunas expresiones insistan y perduren en el tiempo pero otras no se defiendan ni cueste olvidar.


(dejando de lado el genocidio y las colonizaciones, claro)

Me veo en el pleno acto de la articulación de la palabra y siento algo así como pavor, me recorre un hielo, me quiebro en el espacio macabro de la percepción ¿Cuándo aprendí este arte marcial? Tiene una técnica ancestral que paso por encima y no entiendo los bellos detalles de esto. ¿Yo, hablando? ¿Cuándo perdí el escrúpulo y pude tomar cada sílaba sin temor, sin cuidado, sin pinzas? ¿Cuándo fue que sentí que ya había confianza entre las dos, que éramos cómplices, que éramos amigas? ¿Cuándo me sonó familiar Casa, Árbol, Circunspecto, Terrible? ¿Cuándo creí que ya había comprendido lo que quería decir cada cosa? ¿Cuándo sentí que ya había amansado estas terribles criaturas, viéndome lista para salir y hablar? ¿Cuándo creí haber domesticado el lenguaje? ¿Quién me enseñó? ¿Cómo llegué a pensar tenerlo bajo mi lengua, incorporado, listo para? ¿Quién me ayudó a ablandar todo esto a raíz de la costumbre? Me veo en el pleno acto de la articulación de la palabra y todas se convierten en sapos y no hay criatura que no salte en todas direcciones y me deje completamente alborotada, sucia, desorientada, sin saber qué decir. Me veo en el pleno acto de la articulación de la palabra y no sería capaz de creerle a nadie que me dijera que esta vez, este primer acercamiento con esta cosa que se mueve, no es la primera vez [desde el útero, y más o menos las primeras conquistas a los 2, 3 años, oye.

Pero estoy feliz, por si acaso.

Es una enfermedad esta la de siempre desvanecerse en el pleno rito de decir, o al momento de por fin haber dicho. Es una enfermedad esta la de descomponerse con cualquier intento. Al del libro no le gustaba verse en el espejo, a mí no me gusta verme en esto, las sopas de letras, nada. Qué torpeza, qué desilusión, qué terror. Y odio la palabra desilusión, es la más tonta de todas, una mosquita muerta, una mentira. ¿Para qué estar hablándome o escribiendo? Es tan inútil como decir a otres. No soporto el olor a sangre, saber que se está intentando sacar el cuchillo, saber que lo único que se hace es intentar tejer algo con todo los coágulos que salen cuando la llave no puede cerrarse una vez que el cuchillo, ya fuera de la carne, la dejó abierta. Qué hago, más me valdría quedarme aquí, en el suelo, dejando que mi propia sangre me cubra, permitiendo mancharme y secarme,  petrificarme en costras. Intentar barrer la habitación sucia no sirve, para qué, mierda, sólo pretensiones. No sé qué intento construir escribiendo, qué fastidio decir lo que estoy viendo, lo que quiero ver, qué se supone que hay, nunca termina de ser una especie de relato, un ojo, una locución, ¡una ficción!, mierda. Quiero tanto descansar del ojo... pero el ojo solamente recibe luz... no, es que hay otro ojo, metido en el cerebro, y si se alimenta mal, se vuelve muy malo y dominador. Yo quiero descansar de ese ojo. Pero me da asco todo. Me da asco, la palabra, no puedo soportar más tanta cosa mascabra que esconde dentro. No me gusta que macabro no tengo sustantivo, eso es algo que ya me da pena, viste. Saber todos los idiomas del mundo, no, tampoco ayudaría. Me la está ganando, me están temblando las manos de pavor, voy a perder completamente el aliento si ya no soy capaz de aceptar y comprender que la palabra no puede no construir, que esa es su labor. Para un acto locutivo ingenuo y puro habría que volverse palabra también, y así imbuirse en la belleza de lo par, lo semejante, lo paralelo. o hacer de la palabra esto: carne médula sangre, latiendo [acción]. Pero veo cada articulación de sílabas como bombas, pequeñas luciérnagas que guardan potencias luminosas a punto de estallar. Yo no lo soporto, me desespero de sólo pensarlo y pienso que me van a tapar entera de compactas posibilidades hasta la inanición o la asfixia y me pongo a gritar sáquenme este bicho, sáquenme este bicho, sáquenlos por favor. Es horrible esta dependencia, ¿por qué no dejo de delirar? Pero es que no se me ocurre qué otra cosa hacer. Me cuesta respirar de otra forma, y poner los pies y saberme. No tengo otra manera de saber que hoy es miércoles, que hace cuatro días lloré, y así. Lo bueno es que aún me queda la vida, ya no he vuelto disolverme en el poco sentido de no saber para qué despertar, ya dejé de escuchar al espejo, ya no me asusta imaginarme cómo corren las estaciones dentro, ya no me miro, desde afuera y con mucha tristeza, viva y sintiendo ganas de romperme, de estrujarme, de hacerme cagar. Ahora es esto. Lo de siempre. Pero tendrá que pasar.
Algo.

Debería estar en mi diario, pero nací cuando internet se volvió un lugar también.

Hay palabras que nunca voy a entender aunque lleve conmigo un papelito con distintas definiciones en mi billetera para los momentos en que se vuelva urgente traerlas a tierra. Como ontología, por ejemplo, o como nouménico, o plusvalía o inflación; sencillamente, no soy tan tan espuma, debiera serlo más tal vez, la cosa es que son palabras con mucho aire y en mí no encuentran forma, jamás ha podido atravesar mi cuerpo y se quedan vacías.

Hay palabras que me dan asco, verdadero asco, cuando las escucho y me dan ganas de borrar todas las bocas que las pronuncian, como Mujer y Machismo. Qué poca sensibilidad hacer que Mujer caiga en todo como si nada, ¡si a mí esa palabra me duele por todos lados! Qué hiprocrecía, también, hablar de Machismo, a momentos me pareciera que no hay palabra más machista que Machismo, estoy casi segura de que suelo escuchar más esa palabra en todas las personas silenciosamente, sutilmente, fatalmente machistas, que en las personas libertarias. Decirla -acusando a otre- nos deja siempre exentes de pecado, la odio como la excusa que es para ubicar siempre el problema en otra persona, en otro lado, se dice machista y se habla de algo, pero concentrarse en un punto en específico me parece obviar el plano completo, el mundo entero es machista, la vida entera -como la organizan- es machista, todo es machista, y la cosa está en ir de a poco deconstruyendo, deshacer los puntos del chaleco pa' que quede no más la lana y se vuelva a empezar.

Hay palabras que me producen lo mismo que a las viejas le producía escuchar hablar del diablo: Violación. Ninguna más encierra tanto infierno. [En cualquier contexto.
Voy a callar.
Ni conmigo sirve la palabra.
Yo también me tapo
me ahogo
me marco
me cubro
me borro
mirándome y diciéndome.
Me voy lejos de mí,
aun más lejos que les que siempre
intentan allegarse.

No puedo hablar más.
Quedarán flotando en el aire ivannias
que no serán ninguna.
¿Qué voy a hacer con tantas?

Tengo que tomarme, llevarme a respirar.
no sirve decir
no sirve intentar decir.

Estado lamentable

Si hubiera algo dentro,
podría intentar hilvanar pequeñas cosas
el dolor, las cosquillas.
Pero esto es intentar traer
Intentar crear,
tener ahora ya,
desde ahora ya,
algo que nunca.

No soporto tanta mentira
es decir, ilusiones
Me pido permiso para
proyectar, digamos, sombras
para explicar, digamos, las sensaciones.

Pero tiemblo ante la sola idea
de permitírmelo.
No puedo caer,
no quiero empezar a creer, no puedo...

Es lamentable, me entiendes, es lamentable
empezar a mirar y decir
Hay una casa, y están las rejas, y
se me mecen las hojas de un árbol...
Cuando no hay nada, ni siquiera un papel
en blanco en el que imaginar.
Para qué intentar crear, armar alguna cosa
para que haya algo... si

a veces me estoy secando, me estoy muriendo,
sólo eso.
ya, acéptalo. Aquí dentro no hay nada,
ni siquiera vacío.

En cuanto me puse a decir, ya es otra cosa. Mentirilla es esa de Escribir para llegar al interior: se vuelve, sí, se llega dentro, se llega al centro y se va más allá, mucho más allá rompiendo la carne, traspasando la piel, y ahí, una vez fuera, inventando un camino. Y si algo ocurre, algo calma, algo cesa, aquel cese del dolor no se debe a la palabra exacta, al desahogo, a no sé cuánta cosa más ilusa y pobre, se debe al ocio de siempre que aparta todo: si digo, si empiezo a urdir palabras, otra cosa me empieza a ocupar, ya no me ocupa este dolor, sino cómo lo construyo, entonces me voy deleitando con nuevas formas, nuevas ideas, que por más que sen trabajadas y pulidas para esculpir el mismo dolor, siempre será otro. Más bello, más nuevo, más virtual, más bueno.
Me diste pena, sabes. Ayer en una canción la voz de un conocido musicalizaba cartas en las que artaud hablaba mal de ti y de a poquito fui entrando en una tristeza que se puso a conversar contigo.
Estoy tan cansada, yo quiero levantarte, recuperar tu reputación, pero cuesta. Me duele que te injurien de esa forma, que digan de ti tantas cosas [aquí eres mujer, además. Yo te conocí así, y te hablo de mujer a mujer, como brujas. No quiero que vuelvan a tratarte así, lo peor es que inevitablemente me contagio [te pido perdón por eso. Pero no permitiré más que me insiten a odiarte, y ya no me lo permitiré yo misma tampoco porque, ¿a qué echarte a ti la culpa? si en verdad, como siempre, todo esto otra vez no se trata más que de nosotros mismos, que somos cada uno el vacío más pequeño que conocemos y donde empieza, desde nosotros que somos nada, la Gran Sarta de Nada; si al final, como siempre, todo esto otra vez no se trata más que del amor, pues nadie sabe amarte, y en fractal de tu amor construir puentes para seguir amando (¿y a qué exigirte algo más?). Pero es cosa de humanos, hay que entendernos, la triste enfermedad de la especie. Así pues, si te inventamos para denominar (y sin en también, sobre todo sin en), habrá que crearte de nuevo entonces, esculpirte a respiración, miradas, besos, sin pretención de poseer ni poseerte porque ¿qué si te lleva el viento?, a nosotros también cuando somos polvo; porque ¿qué si no alcanzas? si en el fondo se trata de la misma ilusión del tacto y yo sólo quiero reducirte a caricia.
No voy a ocultarme en la palabra
no voy a caer de la palabra
no voy a rendirme a la palabra
¿quieres mentirme?
no sucumbiré
no me rebajaré
no me nivelaré
¿quieres verme?
pues
Lo único que tengo son mis ojos

y monosílabas
mi garganta-
infinita procesión
lastimera ridícula
mi garganta
de coágulos, puente
escatológico

ingenuo creer que las
piedritas caen
o suben.
un golpe
un temblor
siempre-
creer

estupidez del umbralismo
morir en la boca
matar en la boca
justo antes y después,
ahí,
justo-
Qué hay más allá
de la lengua, del sonido.

las criaturas siguen
siempre
siempre
conteniéndose
y todas las palabras
acompañan al cajón fúnebre

en fin,
qué pretención más irrisoria
ser mártir del silencio
para quemar tanto ruido.

cuándo se abrirán las tumbas,
pregunto-
quiero bailar.

bárbara

no recuerdo cuándo fue que dije
no puedo hablar
quién eres
¿me escuchas?
hay alguien.

sé que bajé de la cama alta
y me dije como un deyavú
de segismundo
esto lo soñé antes
y me hundí de terror
perdiéndome lejos.

sé también que no hubo cuerpos
sólo sombras y voces falsas
ecos.
-
Ahora los recuerdos me parecen islas
en las que podría ahogarme
por intentar llegar a otras.

no reconozco, no entiendo
cuándo fue que el aire
tomó el color de aquella foto y le puse
sentencia a esta tristeza mi silencio:
No puedo hablar, no me escuhes.

pero ahora fue entender
que el futuro habita en la espalda
y sólo bastó una vez domesticar lo
ausente
intangible
inasible
para que se volviera brea la nómina
corroendo el cuerpo.

un mushi viaja de mi lengua
con cada sonido intento de comunicación,
construye un laberinto.
que me quiero encerrar

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EL LENGUAJE ES NATURALEZA MUERTA