Esto no es lo que quiero decir.
A veces, cuando cruzo muy cerca de un auto en movimiento, siento alegría. A veces, cuando estoy triste y abrumada, me gusta imaginarme que más temprano que tarde ya no estaré viva. A veces, cuando se me hace insoportable el sufrimiento de cualquier persona, siento impaciencia por su paz eterna.
Pero al final del día, siempre me oprime el pecho ser tan impotente ante la última vez. El afecto es agua que se me desparrama por las manos mientras el tiempo corre. ¿Cómo sellar la certeza de mi amor? Cómo imprimirme en el cariño de quien quiero.
No sé qué es lo que me asusta. La vida es tan poco, no entiendo que importe tanto. Pero me encandila igual que la luz que tiñe la sombra de los cuerpos translúcidos. Igual que el brillo del mar. Igual que los colores del cielo.
Como sea, camino con frío en los huesos, siento ganas de vomitar. Me da pena tener tan presente a la muerte. Es un cuervo en mi hombro que canta el nombre de ese hombre viejo y también ha cantado el tuyo. Pero a ti el tiempo no te oprime el pecho y mi vida tampoco.
(¿De verdad no te oprime? ¡Guardaste silencio! ¡Guardaste distancia! Guardaste todo. Hay cosas que no sabré nunca de ti. Me voy a ir. Y no sabré de ti. Te vas a ir y no-).
En cualquier momento, con cualquier persona, me siento un poco Calum de After Sun. A veces mi cuerpo tiembla solo por la contención que hago para no destruirme, a pesar de la rabia contra mí. Pienso: ¿si mis células se atacan a sí mismas continuamente, por qué no podría yo terminar de hacerlo conmigo entera? Del mañana, ese mañana, lo más esperanzador es dejar de intentar.
Estaba en el cine y no se porqué pensé en los gestos que no son directamente cariñosos pero que provocan afecto. Me pregunté qué van extrañar de mí cuando me muera. Quise saber de qué forma las personas que quiero se sienten queridas por mí. Y qué, de todo lo que hago, realmente lo van a necesitar cuando ya no esté.
Todos los días pienso que si me muero o me matan en cualquier momento del día. Si me muero o me matan en este momento. Cualquier momento que no me sienta capaz o suficiente (todos los momentos). Si me muero o me matan, voy a haber muerto sin agradecer ni disfrutar la vida. Entonces la culpa me exige, con pavor y urgencia, que no demore en querer el movimiento involuntario de mi pecho. Que encuentre más azul el cielo, que me enternezca un perro, no sé.
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- Si lo hicieras, tú sabes que te perdonaría, ¿cierto? Creo habértelo dicho.
- No lo sabía, pero gracias por decirlo. Es algo... que sí me preocupa de las personas que quiero.
- Quizás no estuvo bien hacerlo, ja.
Estamos en el mes y me pregunto qué sería necesario para que terminara de suceder. Nada. Es otra decisión que no tomo, mi vida no se mueve a ningún lado, ni siquiera a ese, por mi inercia constante. Vivo por omisión, quizás.
Hace unos días desperté -o me dormí, no sé- pensando qué cosa haría que me levantara contenta y que me durmiera feliz aún sabiendo que tendré que despertarme. Estar segura de que saldré de mi cama a hacer para lo que nací, pensé. Pero, dos inconvenientes:
Primero, la torpeza de dar por hecho que unx nace para cosas lindas y buenas. Segundo, la ingenuidad -¿o la obstinación?- de creer que tiene un propósito haber nacido.
Camino por El Manzano, un pueblo vileño muy chico que en los mapas antiguos no aparece. Pero quizá no es ese manzano, sino el otro manzano antes de la cuesta de Andacollo. Veo unos trapos colgados en la barra superior de un columpio abandonado. Me doy cuenta que es una bandera chilena. El sol está cerca del cenit, me cuesta mirar hacia arriba pero se ve lindo, todo se ve lindo, incluso el trapo patrio, desteñido y anudado listo para que alguien se cuelgue. No pienso en porqué está ahí, si alguien lo habrá usado. Pienso que se ve demasiado hermoso todo, tanto, que lo quiero fotografiar. Pienso que está listo. Pienso que quiero usar ese trapo patrio listo para que yo me cuelgue. Que quiero esperar a la fechas patrias, para hacer juego y que sea todo bien bonito.
¿Hacer juego con cuál de todas las muertes, con cuál de todas las fechas? Pienso ahora, despierta.
Pensé algo de si pender o saltar. Una cosa sobre qué iría a elegir llegado el día: ya no negarme al mar, ya no rehuir de la distancia tentadora de los edificios o ya no pelearme más con el aire bajo mis pies; descansar por fin del fracaso de no poder pararme en la tierra.
Una cosa así, mientras colgaba del columpio y dejaba que la piel de mi cuello coqueteara con la cuerda. Pero ya se me fue la idea, se quedó en una de las hebras.
me acerco de a poco. hundo la cabeza en el agua, siento miedo porque no sé nadar, pero una voz me tranquiliza y me invita a acostumbrarme. trepo pensamientos que, llegada cierta altura, me dan vértigo, pero la voz de nuevo me tranquiliza y me invita a saborearlo, a acostumbrarme. aún estás protegida, por pensar no pasa nada, por mirar no pasa nada, mientras pasees en tu imaginación
es imperceptible, nadie lo nota y yo siento que miento. quizá sí miento. algo me está quitando la fuerza, no me puedo resistir. sé que voy descendiendo lentamente. ¿descendiendo o decantando?
existe un abrazo casi mítico cuya prueba de veracidad es su ausencia en mí. hueco de quemadura en mi mapa térmico. ¿quemadura de hielo o de calor? recuerdo brazos, cabezas y labios pero esto nada lo toca, tampoco yo. nada puede sostenerme como el suelo o mi cama. y es tan fuerte la atracción que, a veces, cuando no me puedo parar, siento que todas las leyes del mundo existen sólo para que no me convierta en ácaro.