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Estaba en el escenario y sonaban los aplausos. Cuando aparté la mirada para intentar escapar de la situación solo con los ojos, te vi en el rincón mandando un beso al centro. No sé para quién o a qué era, pero me dio tanto gusto cruzarme sin querer.

O quizás no era algo que tuviera que ser visto. ¿Cómo me ves? ¿Qué ves? Sin luz en tus ojos, sin mi tacto [aún. Me inquieta que sólo me conoces por lo que más me incomoda de mí. ¿Es eso lo que me gusta?

Pudiste ser la primera persona de la que me despedía, pero elegí que fueras la última. Me di cuenta al llegar a la casa y me reí sola. 

Me había entusiasmado volver a verte en tan poquito tiempo. Hice planes de escuchar mucha música antes, para andar con sonidos en la cabeza cuando te tuviera al frente.  Quise hacer unas bolitas de mantequilla de maní y chocolate que le gustan a nuestra amiga, para que también te gustaran (y cuando quisieras comer de nuevo, te acordaras de mí). Fue aburrido saber que no ibas, al final llevé una bolsa de maní solamente. Pero de algún modo igual estuviste. Imaginé tus chistes y tu risa. Y te vi en las rocas durante todo el paseo.

Podría siempre cantarle al aire para que me reconozcas sin la necesidad de saludarte. Podría siempre encontrar para ti las canciones que a tu cabecita loca se le ocurre disparar.

Te prometo quedarme cerca, mientras sea tu gesto de cuidado favorito. No te dije que tu percepción exagerada de mi distancia era como mi percepción alterada de las heridas en mi espalda.

Te vi por ahí y te confundí con una señora, lo siento, te misgenderié en género y edad ja.

Después pasaste muy cerquita con tu bastón, estuvimos a centímetros pero seguiste de largo. No supe cómo retenerte, cómo acercarme [oh, sí, no me digas, qué sorpresa].

Te vi pedirle indicaciones a otras personas y sentí celos de que no me preguntaras a mí. ¿Por qué no lo hiciste conmigo? ¿Quizás no te gustó mi olor? ¿O no te agradó algo de mi presencia? ¿O pensaste que era una niña?

Luego se me ocurrió que quizás nunca notaste que había alguien ahí. Me sentí árbol. Sonreí. Qué gusto si para ti mi cuerpo es un vacío, puro aire, algo más de la calle.

Y, otra vez, quise estar cerca de ti. 

Fantaseo con ser amigues: contarte lo que veo mientras caminamos, aprender a describirte las películas, leerte lo que te escribí incluso antes de empezar a vernos. Y que tú me hables de los colores y las sombras, de tus sueños, de las texturas y sonidos que no alcanzo a percibir, aunque estemos en el mismo lugar. 

No sé acercarme a lxs niños ni a lxs animales ni a ninguna cosa con huesos que respire. No entiendo si me puedes ver, no entiendo qué ves si es que puedes ver, pero a veces te sentí mirarme. ¿Me mirabas?

No sé acercarme a lxs niños ni a lxs animales ni a ninguna cosa con huesos que respire, pero fue exquisito que notaras todo lo que quise hacer notar: mis descripciones porque te tenía presente y me exasperaba pensar que no te estábamos invitando a la fiesta.

Hablar como si no estuviera hablando para ti, pero confiar en que tomabas los trazos que marcaba con las palabras para que tú también pudieras participar. Escuchar tus frases bajitas entre la gente agradeciendo o resaltando acciones mías, como vientecito suave a pesar del ruido del mar. Y que me escucharas sin que me esforzara en ser escuchada. Hablar así, casi en silencio, casi diciendo que se queden en el aire las palabras que quieran y ya.

¿Y ese ruidito de Caterpillar? lo hacías igual. ¿Rebuscada yo por tararear esa canción o rebuscado tú por reconocerla (y decirle rebuscada)? Ahora esa canción tiene otro significado. 

Quiero ser tu amiga.