No sé por qué tengo tanta pena. Para estar tranquila tiene que haber ruido o yo tengo que imaginarme que estoy viviendo una vida diferente. Si no estoy quieta y en silencio, duermo. No me gusta mirar a los ojos mi presente porque pocas veces lo agradezco y sé que eso está mal, mal, muy mal, caca eso. Pero si estoy con personas soy tierna y chistosa; me doy cuenta de eso y me da pena la farsa. Estoy cansada, estoy muy cansada, me pesa el pecho. Siento que todos tienen algo de mí y yo no sé qué quiero que me dé el resto. Me siento sola, hay una forma de descansar que no existe, hay una forma de reposar en un cuerpo que todavía no encuentro o que todavía no perdura. Me dan ganas de soltar todos mis afectos, todos mis objetivos, todos mis sueños, todas mis responsabilidades y que caiga lo que tenga que caer. Qué le sucede a esta cosa si se aísla. ¿Se seca o se transforma?

No me imagino viva tantos años más, me parece una tortura la bendición de la longevidad. Pero no puedo entender que cualquier otra cosa, además de mí, muera. No me cabe en la cabeza, no entra en mis lógicas que todo se acabe. Que los cuerpos sucumban al odio, al genocidio, al crimen, a la autoagresión, a la enfermedad. Por qué esta cosa se rompe así, tan fácil. A ver, quiero probar. ¿Quiero probar?

Tengo tanta pena.

🐈

No me importa si es tarde, inútil o ridículo. Si hubo algo para mí, me gustaría saberlo. Si olvidaste una playlist en mi nombre, si escondiste escritos sobre mí, si guardaste secretos tuyos conmigo, si quedó en borradores otro video.

¿Por qué eres tan mezquino? ¿O solo es cobardía?

Puras cosas feas.

Pienso que todas las personas que quiero y que todavía me quieren, me quieren porque se han tomado el tiempo para hacerlo y porque yo he tenido tiempo para demostrar algo de mí. Me gustaría que alguien me quisiera rápidamente, incipientemente, sin que yo demuestre nada. Y sin plazo.

No sé qué tan poca tolerancia tengo que tener a la incomprensión de cualquier fenómeno, para ahora estar con la guata apretada llorando sin que me escuche mi amiga que duerme en el suelo, mientras te imagino.

Te imagino y no sé ubicarme ahí. No sé nombrar el espacio donde estoy. No puedo ver a través de ti. No puedo ver a través de ningún acto ni palabra tuya.

¿Hay algo?

Me reúso a creer que no piensas en mí, que no eres sensible a mi dolor, que no te importa saber cómo estoy, que no te preguntas cosas sobre mi vida.

¿Por qué no abres las cortinas, por qué no prendes la luz? No veo nada, me destroza que no me permitas ver.

Quiero ver que está vacío.

Siento que cuando me tocaste escuchaste mi tartamudear y que cuando te miré, leíste mi tremor. Ahora pienso que nunca debería haber permitido que presenciaras mis balbuceos. Siento vergüenza de que me conozcas, pero creo que ni siquiera me viste.

Por favor abrázame, por favor cuéntame un secreto, por favor hazme comida, por favor recuéstate conmigo y descansa de ser tan pusilánimemente imbécil. 

Esto no es lo que quiero decir.

A veces, cuando cruzo muy cerca de un auto en movimiento, siento alegría. A veces, cuando estoy triste y abrumada, me gusta imaginarme que más temprano que tarde ya no estaré viva. A veces, cuando se me hace insoportable el sufrimiento de cualquier persona, siento impaciencia por su paz eterna.

Pero al final del día, siempre me oprime el pecho ser tan impotente ante la última vez. El afecto es agua que se me desparrama por las manos mientras el tiempo corre. ¿Cómo sellar la certeza de mi amor? Cómo imprimirme en el cariño de quien quiero. 

No sé qué es lo que me asusta. La vida es tan poco, no entiendo que importe tanto. Pero me encandila igual que la luz que tiñe la sombra de los cuerpos translúcidos. Igual que el brillo del mar. Igual que los colores del cielo.

Como sea, camino con frío en los huesos, siento ganas de vomitar. Me da pena tener tan presente a la muerte. Es un cuervo en mi hombro que canta el nombre de ese hombre viejo y también ha cantado el tuyo. Pero a ti el tiempo no te oprime el pecho y mi vida tampoco.

(¿De verdad no te oprime? ¡Guardaste silencio! ¡Guardaste distancia! Guardaste todo. Hay cosas que no sabré nunca de ti. Me voy a ir. Y no sabré de ti. Te vas a ir y no-).

¿Qué es lo que te interesa de mí?, ¿qué es lo que yo te entrego?, ¿qué es lo que mi presencia en tu vida te permite dar porque te gusta ofrecérmelo?

No entiendo si permanezco en tu mundo y por qué permanezco. Me dan urticaria los monosílabos y la superficialidad. No sé para qué dejarnos cerquita si no nos reímos, si no nos lloramos, si no nos compartimos. 

¿Me quieres llevar o quieres guardarme?
Quizás sería mejor que me soples.

Creo que nunca va a ser mía la alegría de cumplir años, ni la alegría de la celebración, ni menos la alegría de que me celebren. 

(Me duele).