NO SIRVE
- Irremediablemente aquí -
A veces pienso que te veo en la calle. Ya te había dicho eso alguna vez. Me avergüenza esta pena pero qué le voy a hacer. Solo puedo arroparla -como ahora. Rasgarla -como papel de tu cuaderno. Patearla -como lata en el suelo. Y así, todas las veces según sea el caso mientras se estime conveniente hasta que se deje de estimar.
Me gustaría que te acordaras de mí y te acordaras de cuando te ofrecí cantarte en una escalera de por ahí las mismas canciones que toqué en el evento al que no alcanzaste a llegar y me saqué un termito con el navegao que hicimos la noche anterior.
O de cuando te invité a quedarnos en la oficina escuchando la discografía de Lynch porque estabas triste por su muerte y a ti se te pasó un poco la pena y a mí el enojo.
Pero no puedes porque no me atreví. La vergüenza es lujo cobarde dice la Chini y quizás contigo fue bueno no perder ese lujo. Aunque quedo dubitativa cuando pienso que el navegao o la discografía podrían haber sido el jugo de naranja del que habla mi amiga y los detalles tontos de los que habla Arelis Uribe.
Me gustaría que te acordaras de mí.
Creo que nadie sabe cuánto, ni siquiera yo, soy capaz de destruirme. Cuánto lo deseo. ¿Lo deseo? Me parece insoportablemente exquisita y sutil la violencia misteriosa de mis células. ¿Por qué mueven sus hilos para erosionarme desde la piel? Lento es el trabajo: desde adentro, destruir de afuera para adentro. Pero por qué.
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