NO SIRVE
- Irremediablemente aquí -
Notas en la víspera a las funciones de este fin de semana
Me he dado cuenta de que necesito cariño más de lo que reconozco. Porque, aunque me parezca un poco bobo o demasiado simple, quizás lo que más me llama a crear es la posibilidad de recibir ese cariño. Creo que, al final, después de crear algo artístico, me ilusiona más que alguien me quiera y se emocione porque hago algo conmigo, que salvar el mundo. Frívolo, ¿no?
Nunca lo he querido salvar tampoco.
He estado pensando también que, sí, todavía no entiendo bien qué es el teatro para mí, ni soy capaz aún de decir que lo quiero. Antes me incomodaba mucho no saberlo y no poder decirlo. Ahora pienso que me gustaría que eso lo pudiera responder actuando. Yo me doy cuenta de qué es el amor para las personas mientras las veo amar. Quisiera ser capaz de hacer lo que pienso de actuar, bailar y cantar y que el acto mismo responda qué es cada una de esas cosas.
Creo que lo que buscaba en todas esas investigaciones de campo era el sentido de pertenencia a otro cuerpo. Y que ese sentido de pertenencia reafirmara la pertenencia del propio. Es lo que me sigue causando admiración y sorpresa cuando lo veo en cualquier lado con lxs enamoradxs y lo que todavía me produce cierta nostalgia o hasta añoranza cada vez que estoy conmigo, que me tengo que hacer dormir, que me tengo que acompañar.No sé cuántos años tiene esta hojita de diario (mínimo 4), pero perfectamente la podría haber escrito ayer.
Quizás las barbaries se detuvieron un segundo mientras me miraba a los ojos, me hacía cariño en la cara y me pedía que tomara agua.
Pero ahora se agolpan unas a otras y suena atrozmente reverberante la soledad.
En fin, me gustaría ser difícil de olvidar.
me gustarían tres cosas imposibles:
Que quien se fue, lamente haberse ido.
Que quien lamente haberse ido, se vuelva a acercar.
Que quien se vuelva a acercar, yo quiera seguirle teniendo cerca.
Te vi por ahí y te confundí con una señora, lo siento, te misgenderié en género y edad ja.
Después pasaste muy cerquita con tu bastón, estuvimos a centímetros pero seguiste de largo. No supe cómo retenerte, cómo acercarme [oh, sí, no me digas, qué sorpresa].
Te vi pedirle indicaciones a otras personas y sentí celos de que no me preguntaras a mí. ¿Por qué no lo hiciste conmigo? ¿Quizás no te gustó mi olor? ¿O no te agradó algo de mi presencia? ¿O pensaste que era una niña?
Luego se me ocurrió que quizás nunca notaste que había alguien ahí. Me sentí árbol. Sonreí. Qué gusto si para ti mi cuerpo es un vacío, puro aire, algo más de la calle.
Y, otra vez, quise estar cerca de ti.
Fantaseo con ser amigues: contarte lo que veo mientras caminamos, aprender a describirte las películas, leerte lo que te escribí incluso antes de empezar a vernos. Y que tú me hables de los colores y las sombras, de tus sueños, de las texturas y sonidos que no alcanzo a percibir, aunque estemos en el mismo lugar.
Se sentía divertido y hermoso.