Creo que nadie sabe cuánto, ni siquiera yo, soy capaz de destruirme. Cuánto lo deseo. ¿Lo deseo? Me parece insoportablemente exquisita y sutil la violencia misteriosa de mis células. ¿Por qué mueven sus hilos para erosionarme desde la piel? Lento es el trabajo: desde adentro, destruir de afuera para adentro. Pero por qué.

Me voy a sentir absolutamente lejos de ti cuando la canción que te envíe entusiasmada no haga eco en tu oído y cuando la película que me recomiendes no sea lo que necesité ver siempre. 

Mi placer más sutil: cantar al aire y ver por el rabillo de mi ojo cómo te acercas a la fuente del sonido.

Por qué termino así de agitada cuando veo a gente. ¿Cuando veo a gente o cuando quiero tu atención? Odio esos momentos de socialización en los espacios culturales. Odio que las presentaciones se demoren y que alarguen aún más con palabras innecesarias.

Todo me ponía ansiosa, quería moverme, quería cantar, quería tener a alguien de confianza para apretarle el brazo y hacer caras. No sé cómo se me pasó la tarde. Perdí la tarde intentando mantener la calma y comportarme normal. Nadie supo leer mi cuerpo, que algo estaba empezando a ir mal. Me sentí sola. Quise llorar. Cuando ya no quise estar más, me despedí con desidia, cerré el portón contra mis propios dedos y me puse a llorar. Me invitaste y salí llorando. No te diste cuenta. Tampoco tenías por qué. ¿Pero por qué me invitaste?

Alguna vez dije que no quería cuidar nuevos afectos, que me bastaba mantenerme en territorio conocido. Pero ahora me raspa la idea de que no hay nadie, fuera de mi familia ni de mi círculo cerrado, que me quiera cuidar. Estoy cansada, no tengo energía para seguir pensando que nadie hará nada de lo que hago yo, este vertimiento inútil. Quiero dormir. Abrazándome a mí.

No sé por qué tengo tanta pena. Para estar tranquila tiene que haber ruido o yo tengo que imaginarme que estoy viviendo una vida diferente. Si no estoy quieta y en silencio, duermo. No me gusta mirar a los ojos mi presente porque pocas veces lo agradezco y sé que eso está mal, mal, muy mal, caca eso. Pero si estoy con personas soy tierna y chistosa; me doy cuenta de eso y me da pena la farsa. Estoy cansada, estoy muy cansada, me pesa el pecho. Siento que todos tienen algo de mí y yo no sé qué quiero que me dé el resto. Me siento sola, hay una forma de descansar que no existe, hay una forma de reposar en un cuerpo que todavía no encuentro o que todavía no perdura. Me dan ganas de soltar todos mis afectos, todos mis objetivos, todos mis sueños, todas mis responsabilidades y que caiga lo que tenga que caer. Qué le sucede a esta cosa si se aísla. ¿Se seca o se transforma?

No me imagino viva tantos años más, me parece una tortura la bendición de la longevidad. Pero no puedo entender que cualquier otra cosa, además de mí, muera. No me cabe en la cabeza, no entra en mis lógicas que todo se acabe. Que los cuerpos sucumban al odio, al genocidio, al crimen, a la autoagresión, a la enfermedad. Por qué esta cosa se rompe así, tan fácil. A ver, quiero probar. ¿Quiero probar?

Tengo tanta pena.

🐈

No me importa si es tarde, inútil o ridículo. Si hubo algo para mí, me gustaría saberlo. Si olvidaste una playlist en mi nombre, si escondiste escritos sobre mí, si guardaste secretos tuyos conmigo, si quedó en borradores otro video.

¿Por qué eres tan mezquino? ¿O solo es cobardía?

Puras cosas feas.

Pienso que todas las personas que quiero y que todavía me quieren, me quieren porque se han tomado el tiempo para hacerlo y porque yo he tenido tiempo para demostrar algo de mí. Me gustaría que alguien me quisiera rápidamente, incipientemente, sin que yo demuestre nada. Y sin plazo.

No sé qué tan poca tolerancia tengo que tener a la incomprensión de cualquier fenómeno, para ahora estar con la guata apretada llorando sin que me escuche mi amiga que duerme en el suelo, mientras te imagino.

Te imagino y no sé ubicarme ahí. No sé nombrar el espacio donde estoy. No puedo ver a través de ti. No puedo ver a través de ningún acto ni palabra tuya.

¿Hay algo?

Me reúso a creer que no piensas en mí, que no eres sensible a mi dolor, que no te importa saber cómo estoy, que no te preguntas cosas sobre mi vida.

¿Por qué no abres las cortinas, por qué no prendes la luz? No veo nada, me destroza que no me permitas ver.

Quiero ver que está vacío.

Siento que cuando me tocaste escuchaste mi tartamudear y que cuando te miré, leíste mi tremor. Ahora pienso que nunca debería haber permitido que presenciaras mis balbuceos. Siento vergüenza de que me conozcas, pero creo que ni siquiera me viste.