Lo voy a decir solo una vez por si alcanzas a escuchar. Ya no termino los kdramas, veo como 4 a la vez. Creo que no he tomado soju desde el año pasado. Puedo contar con los dedos de la mano las películas que he visto este año. Estoy llena de cosas y termino los días con ganas de llorar. Ahora suelo dormirme temprano, pero casi no tomo agua. Todavía no aprendo a ser regular con mi tratamiento. 

Me dan ganas de contarte los kdramas que me van gustando. Creo que contigo tomaría más soju y vería más películas. A veces, cuando me pillo tan mal de tiempo, pienso que no sé cómo lo estaría haciendo para tener tiempo de verte, si no hubieras agarrado ese pavor raro de mirarme a la cara. ¿Cómo estás durmiendo, tomas agua? ¿Cómo vas con eso de tomar tus medicamentos?

Me dan muchas ganas de saber qué cosas has aprendido a cocinar y qué piensas de estar ad portas de los 30. ¿Ha cambiado tu vida? ¿Quién eres ahora?

Me falta tu amistad, pero yo creo que me la inventé. Como sea, da lo mismo. Es ridículo todo si tuvo más urgencia ver alguna vez la cara de una extraña media conocida, que volver a ver la cara de tu amiga.

No tienes derecho a dudar de que te quiero y que me importa saber de ti. No te lo permito. Nunca me escondí.

Me acuerdo de él cuando pruebo una receta y me gusta mucho el sabor (quiero que la pruebe). Es horrible porque el sabor se queda en la boca y el recuerdo también. 

No entiendo bien qué siento por él.
Su cobardía es digna de lástima.
Prefiero la rabia.

Es tan cobarde, se me ofusca el alma. Aun con esas palabras, aun con esas imágenes, no se atrevió a crear. ¿Cómo se atrevería a querer?

Leí que alguien se despedía de una persona que, pensé, eras tú. Te estaba describiendo. Para mí, te estaba describiendo a ti y a tu mirada, tu sonrisa, tu abrazo y tu manera de andar entre la gente. Me horrorizó pensar que estabas muerto y ya no podía preguntarme por ti, pensar dónde andarás, debatirme entre buscarte o no, sentir pudor de mi imaginaria exposición.

Busqué noticias tuyas entre nuestras amigas en común, quería encontrarte para confirmarlo. Y te encontré.

Soy una idiota, había olvidado tu nombre. Es que, Martín, tienes cara de José; pero qué lindo que todavía camines por el valle de Aconcagua.

Una noche en el balcón, me contaste un secreto solo a mí - que eres bueno y que quieres bonito. Tú me lo dijiste, lo sé. Ahora nadie me cree, ni siquiera yo.

En cualquier momento, con cualquier persona, me siento un poco Calum de After Sun. A veces mi cuerpo tiembla solo por la contención que hago para no destruirme, a pesar de la rabia contra mí. Pienso: ¿si mis células se atacan a sí mismas continuamente, por qué no podría yo terminar de hacerlo conmigo entera? Del mañana, ese mañana, lo más esperanzador es dejar de intentar.

Me pregunto si acaso estás vertical u horizontal, en este momento. Había prometido no hablar de ti en segunda persona. Pero me pregunté si acaso estás vertical u horizontal, porque quise pedirte que levantaras un poco tu brazo para yo meterme debajo. Un minuto, solo un minuto. Un minuto debajo de tu brazo como un pajarito escondido en en el hueco de un tronco vertical u horizontal. No puedo, obviamente no puedo. Pero me queda hablar de ti en segunda persona. Como si me escucharas. Como si estuvieras aquí vertical u horizontal. Como si pudiera pedirte lo que sea.

Hay gente que dice que la rebeldía es cosa de no perder la capacidad de ternura y de asombro. Pues, he fallado, señorxs. Qué me importa a mí que hombres y mujeres vayan y vuelvan de la luna, si todavía nadie sale del centro de la injusticia. 

Me da pena saber disimular tan bien cuando estoy triste y no quiero ni preocupar ni dar explicaciones. Me enojo conmigo por ser experta en controlar la voz, esquivar la mirada y tragar el llanto. Y me decepciona un poco toda la gente gente que no nota ningún cambio.