Esperé de noche y salió el sol. No es metáfora optimista, pensé que estaría nublado. Llegué al cerro y pedí un desayuno rico. Mirar el plato con sus colores me hizo recordar a todas las personas por las que sigo viva. Las vi en esos colores, un jardín. Me puso contenta estar de cumpleaños porque podía agradecerles. Después me pregunté si era mi gratitud lo que merecían por mantenerme aquí. Cerré mi autoconversación pensando que, sea como sea, saber que muy absurdamente sigo me llevó a esa palabra, lo que ya es una fortuna.
Rompí a llorar. Más bien, tricé a llorar. Me quedé mirando por la ventana el cielo, pensando que hasta cuándo Señor. Por qué estar viva, por qué esta incoherente porfía.