NO SIRVE
- Irremediablemente aquí -
Esperé de noche y salió el sol. No es metáfora optimista, pensé que estaría nublado. Llegué al cerro y pedí un desayuno rico. Mirar el plato con sus colores me hizo recordar a todas las personas por las que sigo viva. Las vi en esos colores, un jardín. Me puso contenta estar de cumpleaños porque podía agradecerles. Después me pregunté si era mi gratitud lo que merecían por mantenerme aquí. Cerré mi autoconversación pensando que, sea como sea, saber que muy absurdamente sigo me llevó a esa palabra, lo que ya es una fortuna.
Rompí a llorar. Más bien, tricé a llorar. Me quedé mirando por la ventana el cielo, pensando que hasta cuándo Señor. Por qué estar viva, por qué esta incoherente porfía.
A veces se me humedecen los ojos y me aprieto la cara con las manos, mientras se me hace un nudo en la garganta porque me siento atrapada sin poder decir que soy fastidiosa, que me equivoco ridículamente, que es tonta cualquier decisión que tomo, que sería hermoso descansar de mí y de mis estupideces.
Entonces siento que te extraño, porque me gustaría verte sonriéndome relajado, mirándome con indulgencia, diciéndome cosas simples y repetidas como que no tengo que pensar tanto. Me gustaba escucharte, me hacía bien tu voz punta de roma. Era un poco como si me apartaras las manos y me cerraras mis dedos para que dejara de usar las uñas contra mí.
Ahora se me humedecen los ojos, me aprieto la cara con las manos y no entiendo que ya no estés detrás de ellas. Que ya no me des chocolate de menta para derretir en mi boca lentito la ansiedad.
Estaba en el escenario y sonaban los aplausos. Cuando aparté la mirada para intentar escapar de la situación solo con los ojos, te vi en el rincón mandando un beso al centro. No sé para quién o a qué era, pero me dio tanto gusto cruzarme sin querer.
O quizás no era algo que tuviera que ser visto. ¿Cómo me ves? ¿Qué ves? Sin luz en tus ojos, sin mi tacto [aún. Me inquieta que sólo me conoces por lo que más me incomoda de mí. ¿Es eso lo que me gusta?
Pudiste ser la primera persona de la que me despedía, pero elegí que fueras la última. Me di cuenta al llegar a la casa y me reí sola.
Pienso mucho en la muerte. Hablar con Zeina, Bilal, Hoda, Huda y Ahmed me hace tenerla mucho más presente. Y todas las catástrofes naturales y humanas, también. Todos los días, sin exagerar, pienso en lo mortal de la vida y en lo limitado del corazón para amar, perdonar, confesar. No sé si estoy viviendo de una forma que me dejaría tranquila si muero hoy. No sé si estoy queriendo a las personas de la forma que me gustaría hacerlo, si murieran justo ahora. Sé que no. Pero es que supongo que esas otras versiones ni siquiera soy yo. No puedo. Lo he intentado. No puedo sola. Ivannia Schrödinger.
Me vierto y me vacío incluso por lo que no me importa tanto. ¿Cuál es la fascinación mía por destilarme? No sé. Pero mi naturaleza me impide entender por qué el sentimiento no siempre involucra acción. Me duele que repudien Israel pero ignoren la acción directa. No soy ilusa tampoco, sé que tengo que dejar los huevos y el pescado. En fin, vuelvo a tu mensaje y lo miro como el bicho más raro de todos, como si fuese otro idioma. En decir que lamentas haberte alejado pero cancelar el encuentro sin ninguna explicación, no hay punto donde lo genuino y lo observable se crucen. Es peor que la foto de la silla, la palabra de la silla, la silla. Es peor que Dogtooth. No te entiendo. Solo entiendo que yo ya no me puedo mover más. Destilación concluida.