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A veces, por la vergüenza tonta que me dan mis privilegios, siento que haber nacido con vagina y ser asignada como mujer es lo menos terrible de vivir dentro de este sistema lleno de opresiones capacitistas, racistas, cis-sexistas, clasistas, etc. Aquí todavía recibo beneficios y ya no me atrevo tanto a lloriquear penas.

Pero ayer en el bus otra vez sentí miedo porque el del asiento de la ventana era hombre. Esperé a que él se durmiera primero pero fue difícil. Tuve que confiar no más en que no iba a tocarme mientras yo dormía, porque ya era mucho el sueño y necesitaba descansar. Cerré los ojos y me acomodé bien al borde. No me pude acurrucar en mí, estaba tiesa de impotencia y rabia. La imagen asquerosa de esos seis hombres no lograba sacármela de encima y me sentí sola reprimiéndome el llanto.

Eso de "tocan a una, nos tocan a todas" no me gusta porque me parece que el "todas" miente. Al final igual faltan las y les trans, las y les migrantes, las y les lesbianas, las y les racializadas, las y les presas, las y les trabajadoras sexuales... las y les que no son como yo o como nosotras (lo que sea nosotras).

Pero mi cuerpo hace días está temblando como si lo hubieran tocado aunque nadie lo tocó. Me siento una cosa desmoronable en cualquier momento y tengo que hacerme un poco la tonta para sostenerme. Pero nadie me hizo nada en el bus ni en el viaje. 

Y menos mal que esto lo escribí desde el teléfono; sino, habrían goterones de desolación en el papel o en el teclado.

Desdeñosa

Este cuerpo. Ha soportado tanto. Ha recibido tanto. Quiero inventarle un nombre a este pueblito que es mi cuerpo. Siempre dije que aquí en mi piel las cosas funcionaban como en Comala. No me acuerdo cómo termina ese libro. Pero yo quiero expulsar todos estos fantasmas. No sé cómo hacerlo. Hacerlo sería matarme, destruir mi cuerpo, borrar todo límite entre hueso, vena, músculo, garganta, labios, útero, piel. No sé qué estoy escribiendo. Menos sé por qué aquí y no en mi diario. Mentira, lo último sí lo sé un poquito más. Una vez más, voy por un camino oscuro, sabiendo que nada más es un momento del viaje con bosques muy densos. Pero en este camino turbio odio todas las O. Y si digo Odio sin lo que odio, queda Di. Y porque di, odio. No. No quiero sentir culpa, vergüenza o pena de decir: Detesto a todos los hombres (cis). Todos me merecen un poco de compasión para poder amarlos. ¿Por qué cada vez que miro mi cuerpo es un ojo masculino el que me ve? ¿Por qué cada vez que mi piel contra mi piel se roza, es una mano masculina la que me toca? Todavía. Miro para atrás y no entiendo cómo a tanta estupidez, a tanta miseria, no le puse nombre. Quiero irme de todos los que me dejaron con ellos o de todos con los que me quedé. Quiero que nadie me toque. Quiero que salgan de mí. Tengo asco de todos. Tengo vergüenza de lo que amé. Amaría profusamente que todos pudieran comprender el poco respeto y la repulsión que me producen todas sus acciones y todos mis recuerdos sobre ellos. Amaría contar con que pudieran sentir por un momento cómo repudio y compadezco la masculinidad suya que me tocó. Lo único que me mantiene quieta y aquí, es la certeza de que ninguno entendería. Y yo a nadie le voy a explicar. A nadie le vale la pena. Nadie vale la pena. Con nadie vale.

No me correspondo

Soy todo lo que no debiera ser una mujer bonita
soy todo lo que no debiera ser una mujer fea
soy todo lo que no debiera ser una mujer femenina
soy todo lo que no debiera ser una mujer independiente
soy todo lo que no debiera ser una mujer amachá.
Soy todo lo que no debiera ser una mujer inteligente
soy todo lo que no debiera ser una mujer fuerte
soy todo lo que no debiera ser una mujer débil
soy todo lo que no debiera ser una mujer luchadora
soy todo lo que no debiera ser una mujer abnegá.
Soy todo lo que no debiera ser una mujer atrevida
soy todo lo que no debiera ser una mujer segura
soy todo lo que no debiera ser una mujer sexy
soy todo lo que no debiera ser una mujer interesante
soy todo lo que no debiera ser una mujer libertaria.

Qué voy a ser yo, siquiera algo, de lo que es una mujer valiente.
O de lo que es una mujer consciente
O de lo que es una verdadera mujer, y ya.
Si tengo todo lo que no tiene la mujer subersiva
todo lo que no tiene la mujer fatal
todo lo que no tiene la mujer moderna,
ni la empoderá,
menos la feminista.
Quizá cuándo la chora.
O la que es libre linda y loca porque no es devota.
Para qué decir, entonces, de la sumisa

O para qué decir, entonces, de la Mujer.
Para qué decir, entonces, que soy mujer
Para qué decir, entonces, que soy
Para qué decir: Entonc...
¡Entonces para qué decir!
Ya.






Con él te duele el corazón,
*+* Y conmigo te duelen los pies *+*


...
[PERO ALGO TE TIENE QUE DOLER]











Voy a estar un poco más tranquila el día en que:
dejen de ocupar como prueba de atentado terrorista los libros anarquistas que encuentran en la mochila o en la casa de les cabres
y empiecen a ocupar como prueba en contra del femicida y agresor la costumbre del loquito de escucharse y tararear todas las canciones del rumpy y de la pudahuel.
¡Canciones asesinas!

-

¿Por qué tenía que ser rosada la imagen? ¿Por qué no verde, roja, amarilla, o hasta negra o blanca? ¿Por qué ese eslogan? ¿Por qué, quién decidió mover masas centrándose en que no haya ni una otra más que se vuelva "una menos"? ¿Por qué circulan videos simpáticos con hombres que nos intentan hacer entender cómo tenemos que esperar que nos traten, cómo somos y para qué nacimos?

Me costó empezar a escribir algo sobre esto; anduve rumiando silenciosa toda la semana, pero no quería darle cara a las palabras, es que me cuesta sentir esto, no me agrada mucho, incluso me juzgo y me cuestiono, pero ya: discúlpame, pero no sé cómo decirte que no te creo. Y sí, lo sé, duele saber que las vejaron, que las mataron, sí, qué triste es, es muy triste, muy injusto, qué crueles ellos, sí, sí, pobrecitas... No es eso, yo también sé que duele, y no sólo lo sé, también lo siento, porque, sinceramente, no hay otra circunstancia en la que me sienta tan mujer como en estas. Ah, es que a mí me dicen hombre por mi pelo (supongo que por mi pelo), sabes, y cuando me dicen Hombre ya ni siquiera les corrijo, porque me quedo con una sensación nada agradable de no saber bien qué estoy defendiendo si respondo que soy mujer..., (como si importara mucho que me reconocieran el hecho de tener vagina y que hasta el momento sigo complaciendo a la identidad que me dieron por ese hecho... ja, ¿qué con ello? nada. Además, hasta tiene su lado bueno si así se le quiere ver, quizá por eso no me han violado cuando camino de noche, ni me han vuelto a toquetear, ni a seguir, quién sabe). Y es cierto, no exagero, en situaciones banales no me importa qué tan mujer me pueden ver ni qué tan mujer soy, en mí no reconozco ninguna femineidad sagrada que no quisiera que me quitaran jamás. De hecho, me causa mucha curiosidad el sentimiento de las personas trans, para quienes es realmente importante ser reconocidas socialmente por el género a las que ellas sienten pertenecer. Yo no entiendo cómo puede adentro quemar una idea, una sensación de ser femenina o masculino. Estoy vacía de eso, o al menos, soy inconsciente. Vacía o inconsciente en situaciones banales, -me corrijo-, porque cuando presencio o escucho cualquier violencia hacia cualquier mujer, entonces no se vuelve tan fútil la cosa, cobra total importancia la cosa: algo me toca y puedo reconocerme en ella, y siento cómo hierve la historia en mis células. Lo siento, ahí no dudo, ahí no me pongo a pensar si tiene o no tiene sentido corregir que soy mujer, ahí no más la siento, y la defiendo en ella. Sí, eso estoy queriendo decir, es triste hablar así, pero en ningún momento me siento tan mujer como cuando me reconozco blanco concreto de la injusticia [no quiero ser víctima, no quiero decir víctima. Pues bien: yo aun mujer, aun afectada, aun compasiva, no te creo. No me interesa tu foto, ni tu estado, ni tu marcha, ni tu llanto, ni nada, si eres clasista, homófobe, xenófobe, misógene [¿habrá algún término para las mujeres que odian a las mujeres? hay mujeres que aprendieron a odiarse].

No me interesa nada de tu compasión y tu discurso si crees que siempre merecerá más respeto quien "opte por la vida", si piensas que el problema de los embarazos no deseados son las mujeres que no saben cuidarse y también si crees que es sólo responsabilidad del hombre andar con condones; si piensas que Mujer es sinónimo de histérica y de mamá, y que Período menstrual es sinónimo de andar mal de ánimo y sentirse mal, si crees que es antinatural que una madre decida no criar a sus hijes y si andas diciendo que para que no pasen más estas cosas las mamás deben enseñarle a sus hijes a respetar a las mujeres; si a las personas que amas las entiendes como tuyas, si te consideras una persona celosa y no lo trabajas, si no te cabe en la cabeza que le hayan pegado tanto a tal mujer y que hayan violado así a tal niña, pero igual te empieza a caber un poco más si te enteras del contexto; si te atreves a dar consejos como Deberías ser más masculino, usa barba, o Te haría bien verte más femenina, maquíllate, si piensas que es un oprobio que alguien lleve una polera corta con tremenda guata, si te burlas, y más encima a nuestras espaldas, de las que no nos depilamos, y también si miras en menos a las que sí lo hacen; si crees firmemente que las mujeres deben ser de una forma y los hombres de otra, y por ello tratas de maricones y de marimachas a las personas que no se se condicen con el físico, los comportamientos, y hasta los gustos que tú esperarías de ellas por su sexo, y si sigues pensando que les trans y les homosexuales tienen una enfermedad; si entre tus amigues se halagan en tono de juego con los mismos piropos asquerosos que intentamos erradicar, si clasificas a las personas de "cogibles o no cogibles", si hablas de que está rica y está bien güena y de que está rico y bien güeno, si te has atrevido a comentar de una persona que es un desperdicio porque es muy guapa según tú para ser homosexual, no te creo. A ti no te puedo creer, entiéndeme, si tú misma te dices poco femenina por no ocupar zapatos altos ni pintarte las uñas y si no me dejas levantar una caja y me dices que mejor esperemos a tu pololo para que él lo haga. Y a ti, a ti menos te voy a creer si piensas que fulanita no te pescó por frígida o por mosca muerta con pretensiones de “difícil”, si tildas de feminazi a la mujer que te hizo ver algo injusto en tu actitud y te incomodó, y si te molesta que “tu mujer” no haya llegado todavía a la casa para servirte la comida.

¿La quieres más corta? No me interesa ninguna aversión tuya a la violencia evidente y concreta si no te sucede nada, si para ti están bien y si hasta proteges las infinitas violencias sutiles que manejan, sostienen y respaldan todos estos crímenes bestiales que hoy te hacen llorar, cambiar tu foto, y opinar. En fin, hombre, mujer, trans, y demases, no te creo ni una mierda de lágrima si sólo te dejas llevar por el dolor mediático y superficial, si no te cuestionas ni un poquito, si no veo en ti ninguna marca de estarte vaciando, soltando, deconstruyendo y rearmando dentro de este sistema del que todes somos hijes, y bajo el que nosotres mismes nos laceramos y flagelamos unes a otres.

Si no te sientes responsable, no te creo ni una mierda.

Paso del dolor caritativo, del dolor limosna, del dolor una lágrima al día. Paso de las mártires, las víctimas gratis y los victimarios. Paso de los crímenes en la plaza pública como castigo y como premio, como espectáculo. Paso de toda esta triste tragedia al estilo de las que competían en las dionisias griegas.


Un cuento



En una escuelita querían hablar de género, violencia y sexualidad.
En una escuelita querían hablar de género, violencia y sexualidad.
En una escuelita querían hablar de género, violencia y sexualidad.
Así que la profe preguntó: ¿qué las hace sentir mujer?
Muy al fondo, a una niña se le oye decir:

Sé que soy mujer porque soy como todas esas a las que matan, vejan, violan.

No sé cómo mierda ser mujer. No sé dónde mierda está eso. Qué chucha me hace mujer, qué chucha literalmente, porque si llevo la vagina tapadita sin que nadie la note, me saludan con la mano, me dicen jovencito, bla, porque apenas me dejo pelo en la cabeza, pero en el resto del cuerpo andarían todos al viento si es que no pasara abrigada por tanto frío y porque si no me pongo algo apretado, no hay manera de destacar las casi nulas curvas de mi torso. Por qué mierda no sé cómo mierda ser mujer. Por qué mierda me siento sola, desesperada, ultrajada. No hay espacio donde habitar, no encuentro tierra en la que yo quiera dejar que mi semilla germine. Mujer. Qué hemos hecho, secularmente, de esa palabra. Mujer. Hasta la etimología da asco y no hay idea clara. Yo no quiero venir de Blanda. Yo no quiero, a parte de no saber por qué mi abuelo me puso Ivannia, tampoco saber por qué el español nos puso mujer. Mujer. Quiero vomitarla. Dónde mierda está eso. Lo he querido vomitar todo, porque han querido inventarme todo. Mi amor no es lo que llaman Amor, y Leo me hizo aprenderlo a punta de cuchillazos que yo misma me di por creerle cuando decía que yo no quería a nadie y no tenía buen corazón [en el caso hipotético de tenerlo, decía él. Mi sexo y mi sexualidad no es lo que llaman Sexo, y lo tuve que aprender a punta de todas las resacas amorosas de tantas noches, ya sola, vacía, ausente, que pasé intentando refutar a Leo para confirmar que yo podía querer. Mi camino (o carrera) no es La Carrera, y lo tuve que aprender dando giros completamente desorientada hasta caer mareada y vomitar por las tantas veces que me dieron topones y chocaron conmigo y me confundieron y me dejaron dando tumbos mientras yo intentaba avanzar cautelosa por el camino de la incertidumbre, cada vez que me decían, por mi bien, que lo pensara mejor, como si lo hubiera estado pensando mal y sólo bastara empezar a pensarlo bien para desistir y seguir estudiando y sirviendo para algo y siendo buena y todas esas cosas, agh.
He podido vomitarlo todo. Dejé a Leo y al Amor. Los dejé a todos y dejé al Sexo. Abandoné ese camino y dejé La Carrera. Lo he vomitado todo. ¿Pero cómo vomito a la mujer? Dónde mierda está ella. De verdad no sé. ¿Me tengo que matar? ¿Me tengo que anular? ¿Me tengo que negar? ¿Me tengo que esconder? ¿Me tengo que exponer? ¿Me tengo que arrojar? Ni siquiera sé cómo hablar, quisiera guardar silencio hasta encontrar un idioma donde las cosas no estén construidas en base al hombre, quisiera no hablar como traducción de google intentando neutralizar las cosas, sin sucumbir a la categorización de géneros. No sé cómo mierda ser mujer. Toda la vida me dijeron que era mujer y ahora no sé qué mierda es eso. Está la noticia de la brasileña. Aún tiemblo. La palabra mujer, si la pienso, si la pronuncio, me hace sentir lo mismo que si imagino a la niña (y a todas las niñas y a todas las no tan niñas y a todas y punto, en realidad), es la misma sensación de algo abandonado, usado, sangrante, ensuciado. Qué mierda queda de esa palabra. Yo no sé cómo mierda ser mujer, por la chucha [y sin coma también.
De todos modos, hay algo que vibra dentro, y que es imposible de obviar. Supongo que es la historia, tantas cosas, como les pajarites, viste, que se alejan de las personas por las piedras, dicen los cuentos de pequeña. Soy un poco pájaro. Y si me hablan de otra pájaro y si veo a otra pájaro, soy capaz de conmocionarme y dolerme y enojarme y estremecerme y arrebatarme y defenderla, porque sí, porque veo que también tengo alas, que también tengo plumas, que también tengo un pico..., y que parece que hubiera algo malo con tener sólo un pico, o no sé con qué, pero puedo entender que somos de las mismas, y que tenemos que protegernos. Entiendo que esto es una cosa muy pasada a tierra, muy pasada a sangre, una cosa así, bien fuerte y espesa que corre por dentro y viene muy de lejos, de algo muy anterior, porque oigo latidos, oigo un rumor, oigo ecos, todo como dentro de un túnel, como de otro tiempo; entiendo que ser mujer es cargar la historia, nada más, pisadas, puños, boca a boca, pedazos de terror, de rabia, de injusticia y de lucha en las células, nada más, la mugrecita en la uña, el polvo, nada más. Pero. No sé cómo mierda ser mujer, pero me hicieron mujer y con ello, desde ese momento, cargué para atrás y para adelante con todas las mujeres que las hicieron o que se hicieron. Y qué mierda hago. Me voy deconstruyendo, me voy quedando sin nombre, sin palabra, sin cuerpo, qué hago si me estoy deshaciendo.
Á veces miro hacia afuera i
o digo cosas á nadie
Así me da por pensar
que hai más aunque io no lxs vea
I que me hablan aunque no lxs oiga.
           [Lo mío serían respuestas, conversaciones.
Pienso esas cosas porque estoy sola,
porque soy tonta

Ésto también me lo dije así.
I no sé quién me habrá estado oyendo, dónde.