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Mentira. Eso es Pizarnik y fue mi última evasión. Voy a atravesar el deseo. Lo voy a hacer mierda. Voy a volver ruido lo blanco, voy a ignorar la nada que tanto me seduce ahora. Voy a hablar de mí. No, voy a mirarme.

¿Qué pasa con este autorretrato? ¿Podrá ser tan libre e ingenuo como los de kínder? ¿Cómo esos en que sale una niña con mamá, papá, hermana, hermano, un perrito con alas y la abuela en el cielo? No sé. Por eso voy a partir por mirarme. Voy a partir por partirme [...]

Un trabajo de 4to año de la U. Qué insoportable, Dios, qué insoportable siempre, de principio a fin. Era escribir de una forma entretenida una biografía para que la profesora te conociera, niña, no hacer de mirarse al espejo un acto tortuoso para describirlo después.

De todos modos, me sorprende lo valiente de decir en voz alta algunas cosas que dije. O lo destemplado tal vez.

Ejercicio

Cuando se cortaba la luz y yo justo estaba escuchando Webern, me daba mucho miedo. No podía escucharlo a oscuras, sin ver. Pero una vez tú te reíste y me dijiste que esa música no podía ser tenebrosa, que esa era la música de Mickey mouse; y destruiste el miedo con tu carcajada.

Preguntas sobre mi cuerpo

I.
¿Por qué mi pecho siempre es una pared para mí?
Mi diafragma nunca una cama elástica. Mi escápula nunca un columpio. Mi costilla nunca un resbalín.
¿O alguna vez sí lo es?
Cuándo, cómo.



2.
¿Si la piel es un estuche, cómo se sentirá estar en otro cuerpo?
¿Y qué sentirá alguien, habitando en mí?
Puede que recién ahora caigas en cuenta de tu metatarso derecho
o quizá no hayas reparado antes en cuánto puede pesar un esternón.
Quizá yo me olvido del coxis, pero para ti es imposible.
Probablemente este espacio entre la nuca y los hombros te parezca muy estrecho.
Dónde se fue el aire, por qué está todo tan seco podrías decir.
O porqué los pies se olvidan de mi cuerpo y se ponen a flotar.



3.
A veces me dan ganas de olvidarme de mí
pero mi cuerpo me recuerda mi yo a cada momento.
Innegable la postura de mis hombros,
imposible ignorar el peso de mi esternón.
Y si mi cadera se rebela directa y seca, el empeine me delata siendo liviano.
¿Podría mi cuello dejar de exponerme?
¿Y mi costilla dejar de hacerlo obvio?
Si ordenara hueso por hueso mi columna,
articulación por articulación mis brazos y piernas,
o si adoctrinara a cada dedo de mi mano para enseñarles a tocar,
¿qué seguirá diciendo mi cuerpo de mí?
Mis ojos dirán que ando por aquí imaginando si puedo ser una hoja en blanco
y mi piel dirá: sí
y ¿para qué?



JAAAAAAAAJAJA

Yo soy 
  1. Ojos
  2. Duda y culpa
  3. Silencio
  4. Berrinche de estar viva
  5. Pecho con patas
  6. Piel
  7. Oscuridad contenida
  8. Muchos secretos y añoranza de magia
  9. Agua en todos los estados
  10. Un nombre que no sé qué le evocaba a mi abuelo

Lo que más me ha marcado 
  1. Ser hija de mi padre
  2. Estar enferma y que yo no lo entienda y que no se note
  3. Viajar a la selva
  4. La dificultad de sacar la voz y la sorpresa de que mi voz le sirva a alguien
  5. Los amores románticos que elegí
  6. Mi cuerpo, el sol, los bisturí, los doctores
  7. Mi soledad en el colegio
  8. El sueño repetitivo de niña, en el que no podía tocar
  9. La obsesión con la muerte que tuve a los diez
  10. El abuso de él y todos los acosos de varios
  11. La alosexualidad y la amatonorma
  12. La diferencia entre mi adentro y el afuera
  13. Experimentar lo que me sucede físicamente a mí y al espacio cuando entro a escena
  14. La película Persona

Me gustaría
  1. Sentirme segura de mí
  2. Vivir sola
  3. Conocer más de mis ancestros
  4. Saber por qué mi abuelo me puso Ivannia
  5. Hablar con mi abuela muerta en sueños o algo así
  6. Saber de dónde heredé las ganas de comerme los cerros
  7. Que existiera ese lugar/templo al que me dan ganas de ir corriendo para prosternarme ahí, cuando estoy desesperada y confundida.
  8. Entender mi energía y mi intuición
  9. Hablar o relacionarme con todo lo que me imagino
  10. Ser vegana, leer mucho, practicar mucha guitarra.


Qué chistosas las listas antiguas. (Ejercicio de un taller). Pd: "Persona" equisdé

Ejercicio

Hay un rosado que busco, hay un calor que busco, hay una textura que busco. ¿Está en algún lugar? Y si la encuentro nunca es. Y si la veo cerca nunca está a un paso, como los cerros de la cuesta. Ay, cómo cuesta. ¿A mí me podrían dejar que me diluya en el agua o que me hunda en la tierra? No tengo fuerzas ni para pelearle a la gravedad, la única ley a la que me entrego gustosamente, la única ley a la que le ofrendo mi cuerpo con autonomía y placer. Y el agua que siempre juega a prometerme que puede limpiar algo, que algo va a barrer, que me distrae con el ruido como a les niñes su juguete de cascabel. Y yo juego a creerle, por supuesto, necesito creer. Quién podría estar al lado si me dejo llevar si me dejo hundir, quién. Y por qué estos ojos tan invisibles para ver, tan pobres y mezquinos a veces. 

¿Esas flores te brotaron de tanto estar flotando en el agua? Pensé.

Déjame acompañarte, le dije.

No sé por qué será que mi hogar es lo absurdo. Todo lo que no cabe, lo que se deshace, lo que se derrumba. De ahí soy, de ahí, vengo, ahí voy. Donde las paredes no tienen sentido, donde el cielo es otro techo que se le puede caer el papel mural. Que se destiñan las cosas, que no se entiendan, lo más natural. No importa que mi casa sea bonita, que esté entera y firme. Mi mundo es una maquetita en papel lustre y si entro a un lugar donde se derrumban las cosas o donde ya queda poco y nada solo puedo pensar: mi hogar. Por eso preferí tus nubes en la pared, tus nubes en la tela. Por eso me quedé aquí, mientras el telón se caía. Disculpa que no lo recoja. Las escaleras en la calle que no llevan a ningún lado son mis hermanas. Las puertas en el aire que no abren ni cierran un lugar son mis amigas. Lo que más me gusta de El cepillo de dientes es que lxs tramoyas desarman la obra mientras les actuantes aún actúan. Siempre se trata de eso. Y es tan divertido verlo desde afuera, una vez que sea, por fin.

Dramatícula III

En un espacio cerrado una mujer prepara la conmemoración. En la pared se proyecta la imagen de apertura del evento, dice con letras grandes: “Desde siempre nunca más otra vez”.

Está atrasada, ya ha llegado el público. Les saluda y se apura con su tarea pendiente: inflar globos. Infla y se rompen. Infla y se rompen. Infla y se rompen.

Nada puede mantener el aire, nada se sostiene por sí misma, nada es capaz de resistirse a sí misma. Nada se infla y se eleva mágicamente, solo los números (¿qué números?). Todo explota y se revienta, como los globos.

Lo único que queda en el suelo, lo único habitable desde ahora, en este espacio, son pedacitos (¿qué pedacitos?)

Constancias del cuerpo

i. No sé cómo traerla a mí, cómo juntar su centro con el mío, ponerlo justo arriba de mi cadera y que se vuelva más fácil caminar.

ii. Mi esternón, para esa cosa viva, es una alfombra; ocultó todo debajo queriendo hacer orden.

iii. No entiendo qué hace el diafragma en mi paladar cada vez que pienso en mí (¿una huelga para ahogarme?)

A

Ponte mis zapatos.


B

No me caben.


A

Ponte mis zapatos por fa.


B

Pero si no me caben. Por qué quieres que me los ponga.


A

Quiero que estés en mis zapatos. Que los uses.


B

Es ridículo.


A.

Toma. Mete el pie.


B

¿Te vas a quemar los pies en el suelo porque quieres que haga no sé qué para qué sé yo?


A

PONTE MIS ZAPATOS.


B

Oye no me toquí.


A

Pásame tu pie.


B

No me toquí te digo.


A

Ya, no te muevas.


B

Oye, me duele.


A

Ayuda un poco y te va a doler menos.


B

Para por favor.


A

Coopera y terminaré rápido.


B

Si no me caben tus zapatos de mierda.


A

Falta poco, falta poco.


B

Me dueleeee. Los hiciste tira.


A

Listo. Camina.


B

No puedo.


A

Mira, te vas a parar, te vas a poner frente a mí y vas a caminar con mis zapatos, me escuchaste. [...] Eso, un poco más. Un poquito más. Listo. Ya. Para. Ya, para. Paraaaa. ¡Vuelve!






Cartas a Algo

1 de octubre, Coquimbo

Algo:

Te escribo esta carta como ejercicio de imaginación y de fe. Esta es una hoja, pero bien podría ser mi piel y mi piel bien podría ser la primera capa de agua de un lago donde vive Algo. Por eso anoto palabras, jugando a que son el sonido que tú, criatura desconocida y escurridiza, escuchas de lo profundo mientras decides si venir o no a escudriñar.

Sé que desde abajo me ves. Día y noche me ves. Y te mueves. Te siento en mi pecho, en mi guata y en mi sexo. Quizá también en mis manos y en mi piel. Y en ese lugar que no es mi cuerpo pero que está en mí. Por eso quiero decir que me inquieta tu merodeo.

Acércate no más. No te quiero amansar. Pero me gustaría verte a los ojos, conocer tu rostro y saber que soy parte de ti, para salir a la calle orgullosa de que pertenezco a este monstruo. Porque el sentido de pertenencia me cuesta mucho pero ahora sí siento que soy de este cuerpo agradecido de sus curvas invisibles y enamorado de todos los pelos, menos los de la cabeza. Y presiento que soy de ti. Y quiero saberme de ti.





8 de octubre 2021, Coquimbo

Algo:

Haré de cuenta que leíste mi carta. Tiendo a pensar que sí porque aunque la encontré en el mismo lugar que la dejé, tiene unas manchitas café medio pegajosas que no las hice yo. ¿Es manjar? ¿Te gusta el manjar? Juguemos a la comida. Yo te hago dulces con manjar y tú preparas el té. Entonces tú me salpicas, me diluyes, me mojas y yo te ensucio, te pegoteo, porque ningune tomará el té como señorita.

Te espera para jugar,
Ivannia





10 de octubre 2021, Coquimbo
Queride Algo:

Emocionadísima con jugar al té, anoche soñé contigo. La mesa se veía muy bonita, la decoraban flores y globos que ya estaban todos desparramados. Les dos andábamos arriba, pasando por encima de los platos; éramos como monstruos bebés. Tú me sacabas la cabeza y también los dedos de la mano derecha, pero no me dolía. En la mano izquierda yo tenía tu nariz además de uno de tus codos; tampoco parecías sufrir.

Como se juega a las muñecas, jugábamos a los monstruos. ¿Quieres jugar a los monstruos cuando tomemos té? Tú me ayudarías a vestirme y yo a ti. Nos armaríamos y desarmaríamos como quisiéramos. Nos sacaríamos la cabeza, los brazos, las piernas y decidiríamos, quizá, caminar con los ojos y tocar con los pies. Hacer cariño con la frente y besar con las costillas.

Atte.
tu amiga Ivannia




[Taller Tecno-escénico, 2021]



Escena II

Un cuerpo quiebra maderas, arruma maderas, ordena maderas de diferentes tamaños mientras otro cuerpo, en otra jaula, clava y desclava; mientras otro cuerpo, en otra jaula, martilla; mientras otro cuerpo, en otra jaula, se intenta golpear para romper el yeso de su clavícula y de su torso; mientras otro cuerpo, en otra jaula, mete su cabeza en un recipiente de agua transparente y aguanta la respiración, contando con los dedos; mientras otro cuerpo, en otra jaula, es afectado por la canción que canta una mujer en diversas intensidades, emociones y tiempos; mientras otro cuerpo en otra jaula, cava y mientras cava hace una duna; mientras otro cuerpo, en otra jaula, camina sobre piedras y sobre ramas para hacer crujir; mientras otro cuerpo, en otra jaula, escribe una palabra en la tierra pero nunca termina, porque alguien rueda encima y la borra; mientras otro cuerpo, en otra jaula, rompe de todo: yeso, madera, frutas grandes; mientras otro cuerpo, en otra jaula, hace yengas con lo que se encuentra; mientras otro cuerpo, en otra jaula, forma cúmulos de algo debido a alguna acción mecánica y repetitiva que va dejando restos, como sacar punta a lápices; mientras otro cuerpo, en otra jaula, arma poemas collage con recortes de textos escolares; mientras otro cuerpo, en otra jaula, esconde un zapato; mientras otro cuerpo, en otra jaula, lanza platos a un cajón; mientras otro cuerpo, en otra jaula, pica papel; mientras otro cuerpo, en otra jaula, plasma su cara en el barro y luego le hace cirugía estética; mientras otro cuerpo, en otra jaula, empuja un carrito con ruedas; mientras otro cuerpo, en otra jaula, tiene una armadura de plástico; mientras otros cuerpos, en otras jaulas, están cubiertos de bidones o amarrados a ellos; mientras un cuerpo, o dos, o tres, se pasean por los pasillos con un espejo amarrado a la espalda o al pecho.



Escena II. A modo de guión - Zoológico de lo no extinto aún.

Ejercicio de intro a la dramaturgia (enero 2019) del que no me acordaba pa ra na da

La Justicia, sola, tranquila mira que se avecina el Pueblo. Les mira acercarse. Son miniaturas, son hormiguitas. Mirarles casi da cosquilla. Se van agrandando, cada vez más grandes, ya no cosquillean la visión. Molestan. Vienen, están cerca. La Justicia les mira y piensa: Aquí vienen. Y ahora pretenden que les sirva de jueza... “Buenos días, Sr. Pueblo, ¿me llamó usted? Estoy a sus órdenes”. Eso quisieran, que les sirviera de jueza. El Pueblo llega. Llama a las puertas de la Justicia.

Pueblo: ¿Aló?

(Silencio)

Pueblo: ¿Aló?

(Más silencio)

Pueblo: ¡¿Aló?!

(Más, más, silencio)

Pueblo: Abre.

Justicia: No.

Pueblo: Abre.

Justicia: (Abre) Qué.

Pueblo: Se murió Chile.

Justicia: Sí.

Pueblo: Lo mataron.

Justicia: No lo sé.

Pueblo: Sí.

Justicia: Quién.

Pueblo: Eso dinos tú.

Justicia: No.

Pueblo: Dinos.

Justicia: Se debe investigar.

Pueblo: Dinos.

(Silencio)

Justicia: No sé.



EN EL VELORIO

Un cuarto respetable pero simple. El verde olivo de las murallas, de tan pulcro, da rabia. Hay plantas. Son perfectas. De tan perfectas, parecen artificiales. Todas las sillas están obsesivamente ordenadas. Hay silencio, hay espacio, hay tiempo, pero sólo reina el vacío. Todo sonido corta, todo gesto mueve, toda mirada detiene.

En el centro, un féretro. Cerca de él, la Sra. Patria, viuda; el Héroe Patrio, su hijo mayor y los Mellizos, sus hijos menores. Dentro de él, Chile

Mellizos: ¿Entonces murió?

Héroe Patrio: Sí.

Mellizos: ¿Y por eso está encerrado ahí?

Héroe Patrio: Sí.

Mellizos: ¿Y tú lo viste morir?

Héroe Patrio: No.

Mellizos: ¿Y la mamá?

Héroe Patrio: No. No se muevan, hablen bajo, están en un velorio.

Mellizos: ¿Y cómo se sabe entonces que está muerto? ¿Qué es un velorio?

Héroe Patrio: Porque murió, porque no está vivo, porque se sabe. Un velorio es esto.

Sra. Patria: ¡Ya, niños! Aquí, silencio. Acérquense a su padre, vamos a rezar.

Pueblo: Buenos días, señora, con mucho respeto, vengo a acompañarla en esta triste circunstancia. Mi más sentido pésame. Es, sin duda, un hecho terrible.

Sra. Patria: Gracias, Pueblo.

Pueblo: He traído conmigo, además, a una vieja amiga. Usted debe conocerla, se trata de la Justicia. Está ella también muy consternada y promete ayudar en lo que sea posible.

Sra. Patria: Muchas gracias, Pueblo.

Justicia: Aunque tú, Pueblo, tienes muchas bocas para hablar, agradecería no le quitaras su derecho a la mía propia, sobre todo si es con respecto a mí que sueltas la lengua.

Pueblo: Amiga, sabrás dispensarme, en modo alguno he obrado con la intención de pasarte a llevar.

Justicia: Entonces pasa de mí y no me lleves. Me arrastras del codo hacia tus proyectos y yo he decidido mantenerme al margen.

Sra. Patria: Permiso, les dejo.

La Sra. Patria se va. Se para frente al féretro. Entonces los y las presentes la miran. Y la siguen. Todos y todas en línea, rectos, rectas, casi perfectos y perfectas, tras ella, miran al féretro. Sólo cada cual y nadie más que cada cual -ni siquiera Dios-, sabe qué intención se oculta tras la silenciosa mirada al féretro y qué estado y sensación les recorre el cuerpo.

Recorre todos los lados y todos los rincones un inquebrantable silencio. Chile está muerto y el silencio se ha vuelto rey y majestad. El silencio, decía yo, era inquebrantable. Era. Pues acaba de romperse. La madre lo rompe. Se ha roto en llanto.

El Héroe Patrio se acerca, la toma delicadamente del brazo, le sugiere distancia, la invita a la línea con las demás personas, la lleva. El silencio se recompone. El Pueblo quiere hablar.

Pueblo: Dicen que era un país triste. Dicen que siempre fue flaco pero que ahora lo estaba más, que ya no tenía color, que hace tiempo que andaba cambiado, que ya no tenía ganas, que estaba distinto, que dejó una nota y que la quemó. Pero tenía ganas, yo sé que tenía ganas. Sólo que no estaba contento, sólo que no estaba tranquilo ¿cómo se puede vivir tranquilamente cuando se tiene corazón? Es sólo eso, no estaba tranquilo, le latía el corazón, le latía muy fuerte de hecho, pero eso es bueno, aunque eso era también el problema, pero tenía ganas. No se puede negar.

Sra. Patria: Señor Pueblo, por favor.

Pueblo: Discúlpeme, señora, yo sólo quisiera que se tuviera respeto por la verdad. O al menos por la duda.

Sra. Patria: Y yo qué más quisiera que se tuviera respeto por los muertos, Pueblo. O al menos por quienes siguen viviendo.

Pueblo: Enhorabuena pues, señora; deseamos lo mismo.

Sra. Patria: ¿Usted también ansía su silencio?

Pueblo: … Señora, discúlpeme.

Sra. Patria: Está bien, Pueblo.


Ejercicio con pie forzado que se podría llamar Pie forzado igual que la instrucción del ejercicio

Te quedan chicos, entiende. Que no, me dices. Los zapatos te quedan super apretados, te digo. Que no, me respondes. Que sí te quedan así. Que no. Mírate, ni te caben. 

Te miras pero no me contestas nada. Y empiezas a caminar con una ridiculez sin precedentes, que llega a ofender por la nula vergüenza que se te ve en la cara. Quieres demostrarme que te pusiste mis zapatos. Que puedes andar con ellos, que eres dócil y sensible, que te moldeas a mi suela, a lo que pisan, a cómo se sienten las piedras debajo, a cómo me pesa levantarlos con mi pie y volverlos a poner en el suelo. Pero para ponerte en mis zapatos me dejaste de pies descalzos. Y cuando me los quieras devolver, estarán anchos. Los habrás ensanchado porque te quedan chicos pero no me escuchas. Te quisiste poner en mis zapatos. Que son míos. De nadie más. Y ahí estás peleando con el talón y la lengüeta mientras mi planta se quema y se hiela se quema y se hiela se quema y se hiela y así sucesivamente.

Monólogo para Taller Integral I (2019)

Me voy a colgar porque quiero caer. Siempre en mi pecho hay algo que me lleva a la tierra. En la gravedad está mi centro. Sólo por eso me voy a colgar. Porque no puedo caer. Tengo que mantenerme erguida. Esa pequeña complacencia se las concedo. Tengo que pender. Tengo que ser Antígona.

Alguien me oyó decir que nací para el amor y no para el odio. Por mí está bien. Con amor o con odio igual me voy a colgar. Tanta historia para evitar la locura. Ni el peor de los locos puede amar a la muerte, se dijo. Y la peor de las locas tampoco. Por eso no puedo morir por sólo morir y por eso ahora Creonte debe estar gritando que muero por mi hermano. Pero no muero por él. Muero por mí. Y eso no es humano. Menos femenino. Ni siquiera demencial.

¿Y si se sacara de encima tanto mito sobre mí? ¿Por qué he de ser la heroína? ¿Por qué ha de quedar en los libros que me sacrifico por esos hombres? ¿Y si me estoy matando por otra cosa? ¿Y si verdaderamente me mato porque nací para el amor y me habría encantado haber nacido para el odio?

Alguien me eligió para ser heroína. ¿Y si toda esta historia es una mentira para que al menos haya seguido una ley cualquiera, la del Estado, la del hombre, la de los dioses, la que sea, pero por favor no la mía? ¿Y cuál es la mía? Como en el teatro, en la política también se necesita una buena contraparte para hacer bien nuestro propio papel. Todo lo dicho, todo lo registrado, todo lo escrito son palabras de Creonte. Como buen político, necesitaba una buena adversaria. Sin mi rebeldía Creonte no sería Creonte.

Pude haber sido heroína por ser una excelente reina, por ser consecuente, incólume, ecuánime; por aceptar digna mi castigo tal cual mi padre. Pero voy a serlo por desafiar al Estado. Porque en un hombre quizás es heroico, merecedor de asombro y de respeto ser sincero, consecuente, humilde, recto, saber decir y hacer, saber gobernarse y gobernar. Pero para una mujer es loable que se resista, que se sacrifique, que desobedezca, que se enfrente al hombre y al Estado, haciendo con su locura uterina algo temerario pero admirable.

¿Está bien esto? ¿O estoy entendiendo mal mi propia historia y mi propio mito? Da igual. Este es mi último inútil soliloquio. Me voy a colgar para dejar de ser Antígona y para empezar a serlo, aún más, irremediablemente. Soy Antígona ante la agonía de ser. Soy Antígona y soy anti agonía también. Por eso me cuelgo. Pero ustedes hablen.

Cosas II

Me cae el agua de la ducha y me pregunto si la piel es papel o tierra. Si mucha agua la vuelve pulpa o la vuelve lodo. Si lo que le sale son brotes o dibujos. Si es el mapa o el territorio. Preguntas inútiles para evadir que te quiero hablar. Que voy a hacerlo. Voy a hablar. Te voy a hablar. Te voy a decir cosas. Te voy a preguntar. O voy a dejar que me preguntes. Te quiero hablar, te quiero contar. Imaginar qué cosas me contarías. Pienso que podemos acompañarnos con música. Música nuestra. Volver a canciones que he intentado dedicarte pero que no las he terminado. A las guaguas se les canta para hacerlas dormir. A las bestias también se les cantaba para lo mismo. Y de unes amigues escuché que a los espíritus les gustan las canciones y que así puedes atraerlos. Tú no eres espíritu, ni bestia, ni guagua. Pero te puedo cantar. Porque cuando canto, repito mucho y sólo repitiendo logro saber qué quería decir o qué estoy diciendo. Te voy a hablar. Piel. Voy a escucharte. Te voy a mostrar. A lo mejor.

Cosas I

No sé por qué ha empezado a portarse así, se está descascarando. A veces siento que no quiere estar aquí y me desespero pensando que se podría ir de mí. Mientras más vieja, más manchada. ¿Por cada decepción, más grietas? No entiendo. Me invento historias. Que una criaturita muy pequeña en mi cara juega a la lava y todas esas formas oscuras son los cojines que se pone para no quemarse. Que aquí tengo un cielo que está nublado y yo no me he dado cuenta que es un cielo que está nublado y que se va a poner a llover. Que soy araña o serpiente y que todavía no lo sé. Que estoy jugando a quemarme con los rayos porque me quiero despellejar. Que el problema no es mi piel, sino la cara, todo lo que enmarca los dos ojos que alcé pa’ mirar de frente. Que es un mapa que se dibuja y desdibuja según cuánto camino. Pero dígame usted, ¿por qué habría de llevar un mapa en el rostro? Como si cada vez que me pierdo, se me marcara un sendero de regreso. No sirve si no lo entiendo. Y no voy a entender nunca si me borran el mapa. Y usted sólo sabe borrar. Mejor me voy.


Y ME FUI.





("Me muevo con todos ellos. Me muevo con los que comparto tiempo y espacio. 
Con quien esté aquí. Vivo y compasivo. Atento, latiente, sangrante")



¿Con quiénes me muevo?

"Me muevo con les que nos miramos a los ojos, con les que reímos, con les que respiramos. Me muevo con les que sudan, con les que tiemblo, con les que chocamos, y con les que intentamos no chocar.  Con les que confiamos y damos nuestro cuerpo, peso. Con les que -¡aleluya!- me confían su peso. Con les que si me piden una costilla, se las doy, y con les que me dan su pecho si yo se los pido. Con les que aprendo a dar y también recibir y no salir corriendo [bueno también me muevo con les que corremos, rodamos saltamos trepamos. Me muevo con les que cerramos los ojos, con les que entregamos nuestro cuerpo y nos dejamos conducir y guiar.  Con les que miramos con el cuerpo, como si toda la piel, todos los órganos, toda la sangre tuviera ojos, como los dedos de les alfareres de Saramago, aunque parece que esos dedos tenían cerebros... bueh, lo mismo... me muevo con les que nos escuchamos. Con les que escarbamos como topos entre los límites de los cuerpos, de los pequeños vacíos del espacio. Con les que nos introducimos, y también intervenimos, los ritmos propios de cada quien y cada cosa.  Me muevo con les que me esperan, con les que me dejo precipitar. Me muevo con les que no nos movemos.  Me muevo con les que nos aferramos a la tierra y empujamos el cielo, quietas todos como montañas. Me muevo también con les que saltamos en la micro, con les que nos sostenemos, nos levantamos, nos golpeamos con-o-sin querer, con les que nos esquivamos, nos escondemos y nos rabiamos. Vomitamos, efervescemos, explotamos. Casi nos ahogamos, nos detenemos, nos aquietamos; caemos, volvemos [no nos vamos.  Me muevo con todas ellos. Me muevo con les que comparto tiempo y espacio. Con quien esté aquí. Vive y compasive. Atente, latiente, sangrante".






Velorio de chile - Voz IV

Y ahora pretenden que les sirva de justicia.
[Buenos días, señor pueblo, ¿me llamó usted? Estoy a sus órdenes.
No sé qué les hace pensar que tengo facultades para ello. La justicia es una mera cuestión matemática y yo estudié derecho porque para los números no me daba: nunca pasé del 4.5. En cambio, leía todo el día porque me ponía triste el mundo y me entretenía defendiendo las cosas y los vivos por el simple placer de ganar, como primates peleando por el fuego, la razón; y así quieren que les sirva de justicia. ¿Qué les hace pensar que voy a estar a la altura de sus expectativas? La justicia es una mera cuestión religiosa y yo a los diez en mi Primera (y única) confesión de catequesis, llorando le revelé al cura que no creía en Dios. ¿Es que alguien sabe lo que pide? (ten cuidado con lo que sueñas). ¡No me pidan nada! No creo en la justicia. Y sí, hablo de creencia, porque aquí todo se trata de fe; no hay nada, estamos en un completo vacío. Tomás no lo entendía todavía cuando pensó que era necesario tocar y ver a ese hombre con las llagas para convencerse de que era el mismísimo profeta ya bajado de la cruz; pues, era al revés, mi querido incrédulo.
No creo en la justicia, ¿por qué habría de creer? ¿Alguien sabe dónde empieza y dónde termina cada una y cada uno de ustedes? ¿Alguien sabe algo? ¿Alguien es solamente una cosa y nada más? Si no creo en la justicia es porque no la quiero inventar. No me interesa inventar hombres y mujeres, decir quién no lo es, quién lo debiera ser y quién ya no lo fue. La gran justicia me huele a carne y yo soy vegetariana, la gran justicia me huele a corazones podridos, a cerebros en descomposición, a manos ulceradas. Su justicia, así como la piden, haría reír si ahora como está ya hace llorar. No vengan a mí llorando, locos, no me pidan que los encierre, no me exijan que les mienta, no me rueguen que les quite su única humanidad, qué mierda es eso de merecer, corresponder y pertenecer, no me reclamen La gran justicia, justicia según quién, para quién, si siempre todos somos los justos y nos son injustos. Yo no quiero esta justicia, yo no entiendo esa justicia, yo solamente sé de las pequeñas justicias, las veo como hormigas con miguitas de hoja encima de sus espaldas marchando dentro de nuestra sangre, subiendo por las venas directo al corazón a dictarle lo escrito en el minúsculo pergamino verde. Si su justicia es mera matemática, ya tengo al culpable: dos niños matan mejor que un hombre; si es mera religión, alguna candidata hizo lo mejor que pudo; si es nada, fue Chile, fui yo.

Acciones, Actuación II

Abro la puerta, cierro las ventanas, agacho la cabeza, me quito los zapatos y me suelto el pelo. Recorro el cuarto con la mirada, camino hacia la tina, abro la llave y me desnudo. Veo cómo corre el agua, la oigo, la toco, compruebo la temperatura, me dirijo al calefón y la corrijo, vuelvo a la tina y me meto. Me quedo quieta. Me cae el agua, dejo que caiga, no hago nada, me quedo así, me gusta dejar que se escurra por la piel y malgastarla, quiero no preocuparme por nada ni siquiera por la sequía y los árboles y los peces. Recuerdo cuando era niña y en momentos como éstos me aprovechaba de mi tristeza para matar arañas, sólo con pena no me acechaba la culpa y podía ser mala y matar arañas. Sigo matando el agua y se me mete por los ojos. Pestañeo mucho. Siento los ojos por dentro como papel arrugado y pestañeo más, más y más. Me toco el pelo, me enjugo el rostro, me aburrí. Busco la esponja, la estrujo y la mojo con agua para que se abrigue, tomo el jabón, y lo refriego en la esponja para sacar espuma. Me paso la esponja bien fuerte por las piernas; fue mucho, me duele, empiezo a hacerlo más suave, sigo con el vientre, el pecho, la espalda, los brazos; la suelto. Tomo la botella de champú, lo zarandeo mucho para sacar lo más que pueda de lo poco que queda de su contenido dentro, deposito en mi mano lo último que pude sacar y me pongo un poco en la coronilla, detrás de las orejas, y en la nuca. Hago suavemente círculos con las yemas de los dedos. Me canso de intentar lavarme el pelo correctamente y me paso con fuerza las manos por toda la cabeza, hasta que mis dedos terminan enredándose con tanta espuma. Hecho la cabeza hacia atrás, dejo que el agua se lleve todo, me volteo, y me queman las gotas que se resbalan por mi cara. Busco el acondicionador, pongo una abundante porción en mi mano sin tanto esfuerzo como con el champú, y cuando voy a pasármelo por las puntas, veo que el aire está blanco, y me imagino que ya no queda tanto oxígeno y que el vapor se ha robado casi todo el espacio porque me cuesta respirar y siento mucho calor. Pienso que se me fue la mano con la temperatura del agua, me paso rápido el acondicionador por el pelo, pongo la cabeza bajo el chorro, me refriego rápido el pelo con las manos y cierro la llave. Me pongo una toalla en la cabeza, con otra me abrigo, tomo toda mi ropa y salgo rápido a mi pieza. Me seco. Dejo en el suelo la toalla, tomo la polera, pienso que es una lata vestirse, la boto, me descubro el pelo. Abro las tapas de la cama, me meto, estiro el brazo, saco un libro. Me pongo a leer.

21 de agosto.
Secuencia de acciones. Actuación II.