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Notas en la víspera a las funciones de este fin de semana

La víspera del estreno es la víspera más bonita (ni navidad, ni año nuevo, ni cumpleaños). No sé en qué otro momento cuido tanto mi cuerpo y agradezco la vida. Atención profunda a las cosas: que todo sea una ofrenda para que Dionisio se sienta contento y bendiga las funciones. 

Me he dado cuenta de que necesito cariño más de lo que reconozco. Creo que, al final, me ilusiona crear por la promesa de que alguien se emocionará porque existo, más que la esperanza de salvar un poco el mundo.

Nunca lo he querido salvar tampoco.

He estado pensando también que, sí, todavía no entiendo bien qué es el teatro para mí, ni soy capaz aún de decir que lo quiero. Antes me incomodaba mucho no saberlo y no poder decirlo. Ahora pienso que me gustaría que eso lo pudiera responder actuando. Yo me doy cuenta de qué es el amor para las personas mientras las veo amar. Quisiera ser capaz de hacer lo que pienso de actuar, bailar y cantar y que el acto mismo responda qué es cada una de esas cosas.

[…] Ayer vi a Noelia Recalde en un concierto íntimo y después, de improviso, me pasé a ver a Flor Bobadilla con su banda Flamamé. Las dos propuestas eran hermosas y con un sentido de lo escénico muy preciso y consciente, cada una en sus estilos. Pero no podía dejar de pensar en eso. Que porqué seguía siendo música. O porqué no. O cómo hacerlo diferente. Cómo desterritorializarlo. Volverlo no binario, un género fluido. Y pensaba que me va a tomar la vida entera responderlo y que acepto gustosa el viaje. Pero luego me decía si no sería mejor decidir ocupar mis precarias herramientas y mis porfiadas inquietudes en algo más importante.

(Cuestionable)

 

19 de septiembre, 2025

Me siento un poco inútil si no puedo anular mi cuerpo. O quizá revelarlo. Me desespera esta impotencia ¿no se supone que debería ser lo mejor que sé hacer, que si algo sé hacer, debería ser eso? Si el cuerpo es un trapo por qué no puedo estrujarlo a mi antojo. Elegí lo que me permitía salir de mí, pasear por otros yoes, pero me quedo adentro. Me dan ganas de patear las paredes de mis huesos hasta que se abra algo y salga lo que sea.

romanticismo profesional desbloqueado

Es curioso, quizás es primera vez que lo siento así, no lo sé. Llevo años arrastrando la amargura y la vergüenza de no poder quererte como te quieren y de pensar que quizás por eso no te merezco ni te tengo completx. Pero hoy, hace un rato, acabo de reprochar que nadie te ama como yo. Y quizás es verdad. No sé quién más sufre de esta forma porque te siente lejos. No sé quién más pierde los estribos preguntándose qué necesita para tenerte cerca. No sé quién más piensa seriamente en la muerte solo cuando se imagina una vida en la que no está unida a ti, una vida en la que su vida no te pertenece. Y no sé qué más necesito para sentirme tuya y sentirte míx. No sé qué espero de ti, qué falta, por qué siento que todavía no estás aquí. ¿Qué es lo que realmente amo de ti? ¿Por qué te amo? ¿Sería menos amor si esperara que mi devoción se me premiase alguna vez con tus exaltaciones grandilocuentes, con la demostración pública? No creo que sea eso lo que espero, no es eso lo que te ruego. Déjame vivir contigo, por favor quédate a vivir aquí y dame un techo en ti. Y comida y abrigo, que me está costando entender por qué celebrar la vida.

nunca me cuido tanto, nunca me importa tanto cruzar bien la calle, tomar agua comer bien, dormir bien, como cuando voy a estrenar


No sé en qué momento me llené tan pegajosamente de mi propia imagen. No sé si alguna vez pude ser simplemente una cascarita. Me cuesta tanto olvidar las instrucciones de quién soy y dejar mi cuerpo en sacrificio al juego. ¿Por dónde podría recorrer la ficción, qué podría entrar aquí, si mis cachivaches ocupan casi todo el espacio y no dejan de hacer ruido?

Rafael Spregelburd

Los poetas saben que la habilidad de su arte consiste en decir con palabras aquello que las palabras no pueden decir.

Tal  vez esto mismo trasladado al teatro signifique simplemente “decir con situaciones lo que esas situaciones no pueden decir”. 

 

 Actuar me llena, sisí, blabla ¿pero ese actuar está lleno de qué?

Porque no es cualquiera, hay otro que no llena; me tapa.

Yo lo que quiero hacer es actuar. Leer todo lo que me motive a leer la escena. Ver y escuchar todo lo que me nazca de ahí, de la escena. Pensar, escribir y componer todo lo que me brote por andar ahí, en la escena. Y caminar hacia o desde los ensayos con la soberbia tonta, la paz querida, de que no sirvo para ninguna otra cosa. Ser entera por fin otra vez ahí, solamente ahí, llena de pedazos de otres.

Danzar me compone el cuerpo, me calma las dudas, me enseña. Pero no es mi hogar.

Yo lo único que quiero hacer es actuar.

Pero no sé de dónde quiero ser y con quién.

Dónde quiero estar.

No tengo lugar.


«Me gusta tanto sentir, tanto pero tanto. No hablo sólo de sentimientos, sino de sensorialidad y sensualidad también,  [...] me gusta tanto tanto tanto. Amo poder conocer las cosas desde los sentidos. Y amo que el teatro me dé esos regalos. Escuchar el suelo, seguir las geometrías, pisar las manchas, tocar la luz. Lo amo. Fui tan feliz conociendo la sala de otra forma... Me vi haciendo eso y sentí, otra vez, infinita gratitud. Qué bello es poder darse esos recreos, esas pequeñas pausas de la realidad habitual casi a lo Cortázar conversando con la mesa. Ayer me daba cuenta de que no todas las personas hacen eso. La mayoría va a morir sin escuchar el piso. Sin dejar que el cuerpo converse con las geometrías del espacio. Y a mí me encanta saber que no me voy a morir sin haberlo hecho. Esa otra manera de entrar en las cosas y de recibirlas, ese juego constante, me encanta. Y es que me encantan todas las maneras diversas y creativas de recibir el mundo. Adoraría poder recibirlo desde los números, desde la filosofía, desde la música, desde la tierra, el trabajo del campo, la agricultura, no sé. Todas esas cosas. Qué lindo recibir el mundo por los sonidos, por las ideas. Por la vida y sus procesos pequeñitos para todo. Pero por todas esas cosas que te nombro siento un placer y una curiosidad intelectuales. Este placer que sí vivo (el placer que me da el teatro) es sensorial, y lo siento por todas las partes de mi cuerpo, me aflora, me pide. Es una pasión gigante y a través de esos momentitos así en que recibo sus dones de forma tan sencilla, es que entiendo y le doy fe y garantía a esa idea que tengo yo, esa afirmación que hago yo de que el arte (en realidad el teatro y sólo por eso el arte) es lo que me conecta a la vida. Ya sé que probablemente no voy a saber nunca por qué me metí a esto, no voy a saber nunca muy bien qué quiero hacer aquí y quizá nunca me pueda sentir completamente segura y a gusto viendo teatro si pienso en el teatro y el arte en sí. Pero ahora para mí está bien, ya lo acepté y me reconcilié con esa incertidumbre, porque de verdad, aun así, es lo único que me enseña a vivir, lo que me pone de buenas con la vida. El teatro es a mí lo que la naturaleza a los pueblos de las primeras naciones, a propósito de la conferencia de hoy. Ahí está todo, mi naturaleza, mi dosis de rito. Ahí yo aprendo, ahí se me muestra la vida para esta piel. Ninguna palabra sobra en este frase: en la teatralidad y en lo escénico está mi hogar. Esa es la guarida de mi corazón. Lo aprendí ese año cuando volví a bailar después de no querer nada con el arte y de sentir, en cuanto pisé el linóleo, cómo se transformaba físicamente todo, sólo por haber entrado a otro espacio, el escénico. Y ahora con estos sentimientos bonitos lo corroboro. Espero poder servirle bien. Estoy a su merced.»
Qué raro esto. Qué extraño pensar en esa felicidad.
Y todo lo que miro de aquellos tiempos, y todo lo que recuerdo, cada cosa, cada rincón y esquinita, lo evocan mis sentidos con un amor imposible que sobrepasa la ternura.
Qué raro esto. Sentir tanta belleza. Tanto amor. [Refulgiendo.
Como ríos de cristales dorados, muy ruidoses, muy brillantes, refulgiendo la belleza y el amor en el movimiento de todas las cosas que rememoro. Había tanta vida en todo, ríos y ríos. Pecesitos rebosantes todo lo que imagino de lo que fue. Es muy lindo recordarlo. Pero es tan raro. Todo para atrás lo recuerdo con ese amor que se supone se debería tenerle a la infancia. Hay una felicidad pura, no violada, en esos tiempos que se les atribuye a les niñes y bueno, todo esto de hace poquito, mis compañeres, mis clases, mis profesores, mis ganas, los ensayos, los proyectos, las juntas, todo eso lo recuerdo como otra infancia ¿será que mi vida será un mosaico de burbujas reventadas de momentos plenos y puros? No estaría mal... flotar de sueño infante a sueño infante. De momento lo agradezco, agradezco sentir así, aunque a veces me dé un poco de miedo y de tristeza y algo quiera empezarme a atemorizar por sentir el movimiento del bote alejándose. Sé que está bien, que me estoy yendo, pero está bien, siempre es eso, me iré siempre y el vaivén de la superficie sobre el agua estará siempre, son cosas de la vida, se dice, y si cada mi vida son cosas de niñes, mejor.
No es justo.
Debí haber escuchado a calderón, no sólo leerlo. Ahora quiero que me hable mucho, quiero pasar rinconcitos de noches enteras con él para que el aire de su voz sople esta pena y así arda menos.
No es justo, no fue inteligente, no es justo, toda la vida arrastrando como lágrimas por mi mejillas las dudas sobre la vida, sobre la muerte, sobre dios, los vidrios de siempre, los juegos de nintendo entre dios y el diablo, las miradas subrepticias, el temblor de la vista, los ojos invisibles, las puertas escurridizas, tantas cajitas dentro de otra y otra y otra y más y todas tiemblan y ay.
No fue justo. No fue inteligente. Qué torpeza meterme en la más chiquitita que las contiene todas, qué osadía la de entrar a la fiesta. Quiero salir, me duele, qué voy a entender la vida si no entiendo el teatro. No, al revés, por eso no justo, por eso no inteligente, por eso torpe torpe torpe. Los cristales se multiplican y trasladan a todas las cajitas, todos los espacios, otra vez los niños juegan con las niñas y viceversa y yo miro. Esta cobardía es matarse lentamente. Si la convierto en otro cosa será vivir de otra forma, quizá.