Qué raro esto. Qué extraño pensar en esa felicidad.
Y todo lo que miro de aquellos tiempos, y todo lo que recuerdo, cada cosa, cada rincón y esquinita, lo evocan mis sentidos con un amor imposible que sobrepasa la ternura.
Qué raro esto. Sentir tanta belleza. Tanto amor. [Refulgiendo.
Como ríos de cristales dorados, muy ruidoses, muy brillantes, refulgiendo la belleza y el amor en el movimiento de todas las cosas que rememoro. Había tanta vida en todo, ríos y ríos. Pecesitos rebosantes todo lo que imagino de lo que fue. Es muy lindo recordarlo. Pero es tan raro. Todo para atrás lo recuerdo con ese amor que se supone se debería tenerle a la infancia. Hay una felicidad pura, no violada, en esos tiempos que se les atribuye a les niñes y bueno, todo esto de hace poquito, mis compañeres, mis clases, mis profesores, mis ganas, los ensayos, los proyectos, las juntas, todo eso lo recuerdo como otra infancia ¿será que mi vida será un mosaico de burbujas reventadas de momentos plenos y puros? No estaría mal... flotar de sueño infante a sueño infante. De momento lo agradezco, agradezco sentir así, aunque a veces me dé un poco de miedo y de tristeza y algo quiera empezarme a atemorizar por sentir el movimiento del bote alejándose. Sé que está bien, que me estoy yendo, pero está bien, siempre es eso, me iré siempre y el vaivén de la superficie sobre el agua estará siempre, son cosas de la vida, se dice, y si cada mi vida son cosas de niñes, mejor.