Mostrando las entradas con la etiqueta León. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta León. Mostrar todas las entradas
Sabes, León, aún recuerdo todas esas conversaciones con color de sol verde y arena, las fotos cálidas del verano y la primavera y qué bonitos días. Las recuerdo con esos colores, aunque más bien le vendría una lluvia tierna, dulcesita, calma. No sé qué ha pasado contigo, León, -tú ni siquiera recuerdas, seguro, y no estuvimos en ninguna banca de ninguna plaza ni sentados en ninguna murallita y no fueron conversaciones pero yo te hablaba, como sigo hablando; la cancioncita triste no para de dar vueltas, ya ves, pero tú estabas y yo te lo dije sin saber de cuán antes venía y que nunca iba a parar. No sé, León, si te sucede lo mismo, en aquel entonces, no, no me entendiste, se veía claro, ni siquiera yo lo sabía bien; te conformaste con nombres y fechas. Pero tú, León, has sentido alguna vez, jum, ser nada, ie. No. No es eso. Hay una enfermedad, sí, así es, voy bien. Hay una enfermedad, León, tú lo sabes, que te marea, te hace tener alucinaciones, escalofrío y mucha fiebre. Y cuando necesitas pensar y explicarlo todo, no puedes, crees, que no puedes escapar. Yo no sé León, por qué motivo la pandemia ancestral aún no nos deja. Es terrible la conciencia. Cargamos un peso insoportale, León, a los niños no se les da para jugar elementos caros y delicados. Los niños no deberían inmiscuirse en los rincones prohíbidos con cosas para no-niños. A los humanos no..., No juegues con pensamientos, que te vas hundir. Estoy hundida León y te lo dije esa noche sin decirlo porque lo sabía sin saberlo, de lejos se ve la imagen entonces boca a la obra, a poner nombre.
Pero no sé, León, tu no sientes, acaso, este cansancio. Pregunto. Me desgasta no saberme. León, dónde empiezo yo y termina la imagen de los otros, la imagen mía de los otros. Dónde empieza la sinceridad y terminan los intereses. León, dónde empieza la vida y acaban los nombres. León, por qué tan solos, tan pobres, te sabes solo, pobre, pregunto. Todo es sucedáneo, decía yo antes, pero ahora sé que todo parte siendo asidero. Es tan triste cómo intentamos agarrarnos de algo, cómo pretendemos coger la vida, la existencia, la realidad. Las palabras, León, los números, las teorías, el arte. Es tan triste, pobres hombres, somos tristes, muy. Pero por qué es tan necesario, che. Y lo único que nos salva y nos compensa es sentir. No nos queda más. Pero no confío. Sé que para sentir tengo que saberme. No ivannia, sentirte. Pero no sé sentirme, sería más fácil si no creyera en la mentira, pero para mí todo es tan falso. León, dirás que tengo un problema, que cambiamos los papeles, pero voy caminando, y de pronto nadie, desierto interior y el teatro se cae y ahí la verdad gigante, no sirve, nada sirve, cualquier intento es ridículo, por qué haces ésto, te gusta, es estúpido, sin sentido. Luego luz, color, movimiento y la vida normal. Así todos los días, sabías tú, pregunto. Pero por qué tiene que ser tan difícil, digo, lavamos los platos para ensuciarlos hacemos la cama para desarmarla nos inventamos para terminar no siendo, sólo se necesita un cuadrado, aire y tocar, no me importa vivir una mentira, León, vivo sin saber qué es eso, puedo estar sin saber cómo estar (debilidaddelmomento), pero quiero estar, ahora dime dónde hay, que si yo toco, me quedo. no sabes. nadie sabe, León, tú. pregunto