Soy la más miserable, la más desgraciada. La m a l d i t a.
Y me gusta. Como la mujer gallina, necesito los cuchillos en mi cabeza, sino no sé de qué realidad estamos hablando, sino, no soy. Me gusta, porque no hay sonido más bello y estimulante que la risa rabiosa, venenosa, asquerosa como mi risa, como la risa que vomité en medio de los cuerpos moviéndose imbécilmente ensimismados, desde este cuerpo inútilmente mutilado por tristezas vagas.