(todo es tan tristetristetriste... todo estan tristetristetriste... todo es tan tristetristetriste...)
digo triste como digo ridídiculo, digo ridículo como digo chistoso, digo chistoso como digo triste
Una voz gris y brumosa se pasea como eco por mi cerebro, no tengo nada más que la sensación de ridiculez, hoy nada me parece digno de respetar, todo es una burla atroz.
Nosé por qué vuelve. Por las noches y las tardes en que camino sigilosa por el sin sentido, en que veo el cristal y escucho el murmullo, vuelve la despedida. el sonido y la imagen. [A MÍ, que no me queda nada. Camina tras de mí triste y brumosa como los fantasmas que necesitan ayuda, que les falta algo por resolver y yo no sé qué quiere. Intentarlo es dejarme adormecer por un relato onírico.
Entonces me pierdo un poco, me voy un poco y me da algo de pena, y este punto rojo que molesta, se siente calentito, como si un duendecillo dentro en un rincón del estómago bien oscuro llorara y pataleara con una vela encendida entre sus manos.
Busco mucho, busco algo, repaso, pero no encuentro, no tengo más que: el recuerdo vago de su risa, una canción lejana, varias preguntas, unos dedos. Su sonrisa me llega descascarada, reseca, partida, rebota y choca con todo como eco interminable, insoportablemente loco y travieso. Su risa desparramándose, malgastándose, derrochándose, acumulándose y yo sin saber cómo sostenerla, cómo guardarla, se derretía se caía por los bordes de la reja y yo soltaba carcajadas para que se diluyeran juntas. No podía creer tanta risa, yo sabía que vendría sequía. Debiera haber ahorrado, guardado un ejemplar para el recuerdo. Hibernar emocionalmente. Guardar para el invierno. Esas cosas no se pensaban, yo estaba bien y creía no necesitar nada, había encontrado la mentira perfecta, todavía está en período de prueba. Pero qué estupideces digo. Ah, decía que no tengo más que su risa, y a parte de su risa, la expresión torpe, mis ojos secos e inquisidores, un valsecito estúpido, los dedos como diciendo no lo digo pero te quiero, no lo digo pero te los regalo. Mentira,
no decían nada, siempre hablo sola en la cabeza y pienso que me entienden. Nadie es adivino, Ivannia, Pero yo sí adivino cosas.
Sospechaba de esa risa, sospechaba de ese día, porque todo había sido muy mágico, estaba lleno de todo, desde principio a fin, desde el chocar hasta el quedar con la duda y el valsecito y los dedos. Iba a decir algo, pero no hay palabras, digo, no hay manera notanidiota de decirlo, digo, no encuentro manera en que no me cueste admitirlo.
No sé por qué lo recuerdo justo ahora. La risa los ojos el vómito el ruido las manchas la risa los dedos el valsecito la risa la noche la risa, la risa, larrisalarrisalarrisa y me mareo
la boca moviéndose como por inercia, como un fantasmalas manos...
tomando aire
las manos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario