Aquí todo está tan seco... sé que debe haber más sol del que estoy viendo, pero los rayos que caen a mi cabeza y a mi piel son débiles y todas mis ramas quebradizas. Nada puede apoyarse en ellas, porque al primer roce se entregan con una vehemencia al suelo como si siguiera Newton en su silla con su té.
Me intoxico tanto y hace tanto frío, que temo intoxicar y congelar a los demás. Soy muchas espinas de hielo.
Sé que todo es una ilusión: a veces me cachetean mis ojos inmensos y transparentes, me llega a dar asco la ternura que veo, la inocencia, el perdón que ofrecen. Qué niña más tonta.
Pero sigo con el veneno adentro, sé que hay veneno corriendo, es el maldito-no amor y la mente. Dejo que haga lo que quiera y es un monstruo que me consume. Todo lo que toco, lo toco con lástima u odio. Con asco o culpa. Todo me inspira el más puro deseo de destrucción. Me alejo lo más que puedo, pero no sirve estar ausente. Busco, sigo buscando. No sirve estar ausente.
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