El azul oscuro y helado del vidrio, la imagen distorsionada por las gotas del sereno que se resignan a la gravedad, como nosotros a la historias que nos empieza a contar el vino cuando el cuerpo cae y la mente se va a divagar por los rincones de la habitación. Yo no sé que quiero decir, fue un poco mirar la mosca y ahora que lo recuerdo, hice un poco algo como intentar capturarla entre mis manos. hago. Es curioso cómo nada se va, cómo somos más que cíclicos.
Es cierto, fue la misma sensación de cuando tomo agua: me hacían falta esas madrugadas con verdades de agua con cloro, de cuchillo afilado y sucio, de espejo terroríficamente limpio. Aire con gotas secas de estornudo. Y ese velo que nunca voy a saber quién lo quitó o lo puso -y lo sigue haciendo y no dejará de hacerlo mientras estas madrugadas me empapen de su sereno helado y nocturno-, que me deja ver el alcohol la palabra la sonrisas y toda esa cosa que se supone que es humana y está viva de una manera distinta y que justifica la lejanía, como oyendo la palabra y verla dibujada en el aire con el humo y alcohol que se evapora.
Y es extraño, porque el alba se va y pasa todo el día sin darme cuenta y veo que ya se fue definitivamente porque otra vez noche de oficina, pero yo sé que realmente no amanece, que siempre está el azul oscuro visto desde algún cuarto estrecho sosteniendo imágenes manchadas con el vino, diluidas con el sereno, marcadas con el tiempo de los sorbos desde el gollete. Y no hay otra realidad, desde aquí observo que no hay otra realidad porque ni siquiera ésta es una, espejismos, nadie toca, ilusión óptica vernos tan cerca.
Y está escrito horrible, redacción del carajo. Sólo que esas noches, necesito otra más. Respirar(te).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario