Es horroroso que pueda conjugarlo en presente y en pasado y ambos tiempos tengan su destinatario.

Quiero jugar contigo, no sé. Rebajar un poco esa condición que nos hace seres humanos.
Quiero jugar humana. No ser humana. Eso quiero. Toda mi vida he querido jugar. [Oh, quizá jugando fue que me ahorqué antes de nacer]. Y ahora quiero jugar contigo. Me gustaría jugar contigo. Embobarnos un rato juntos. Que sólo balbuceemos y se nos caiga la baba. Que se nos caiga todo y todo lo manchemos. Que queramos escribirnos cosas y nos terminemos mandando papelitos con puros garabatos y que eso nos baste y eso nos llene y sólo por eso nos miremos cómplices y riamos felices. Que no nos sepamos el camino directo a la boca y nos perdamos en la nariz, los ojos, la frente, las mejillas. Que las palabras y los actos y las relaciones hayan perdido toda pretención y para nosotros sean sólo movimiento y sonidos. Quiero jugar contigo. Balbucear. Babear. Tambalearnos y bailar. Pero, sobre todo, mirarte y saber que te miro, que mis pupilas no se pierden en la luz y el aire, sino que llegan al otro pozo negro. Y por fin saber qué paisaje es ese que rodea al pozo, todos los colores de tu iris -o vivirlos, al menos, no sólo intuirlos.

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