"Y entregar el cuaderno. Cómo dejarte el cuaderno. Cómo hacer que lo
veas, cómo. Hay palabras que no tienen sentido, qué se le dice a un sordo que llega corriendo a comunicarle a un pueblo abandonado la
primera palabra importantísima que ya se extinguió: Es tarde -pero
con los ojos.
Lástima de decir, lástima de que se quede esto que está pasando, que se impregne donde se impregnan todas las cosas, la corteza y las pieles. Lástima, mejor obviar, olvidar. Qué vergüenza más grande. Pero a veces me da por sentir que yo empezaría a existir -esa que no tiene dónde, esa que se diluye y se autodescompone-, si no hubiese ningún secreto ni vanidad, si lo supieras todo; entonces ya no habría que inventar a nadie, ni cargar con nadie, ni perdonar más. Cuándo vas a entender, cuándo vamos a recomponer la historia, reconstruir la escena, cuándo vamos a armar un pequeño templo entre les dos, donde olvidarnos del mundo y caer en nosotres, para confesarnos e inventar en común avenencia una suerte de evangelio, o, mejor, una suerte de historia mitológica sobre el origen de esto que somos les dos, todo lo que sucedió, tanta miseria del corazón. Siento siempre que estoy muriendo y que no me puedo ir del todo porque faltan muchas cosas que decir y que dar y que hacer, estoy llena de piedritas, de coágulos y de escombros que coleccioné por ti o para ti o para mí o ya no sé. Cómo darte todo y quedar liviana. Cómo darle espacio a estas insistencias lastimeras, ya pasó todo, ya es demasiado, pero este cuaderno, por ejemplo, este cuaderno que acabo de encontrar y que de verdad fue ver cómo de a poco las letras de lo que escribía se ponían a sangrar... bueno, este cuaderno, viste, cómo hago para no estar sola, para verlo les dos en silencio y querer morirse, o llorar, o gritar. Me inventé una idea de la complicidad y del silencio casi mágica; ellas juntas [sic] pueden construir la intimidad que me fundiría en todas las cosas. Pero dónde hallar eso; ahora todo lo que siento viene de los propios cuentos que en las noches me invento para poder dormir.".
Lástima de decir, lástima de que se quede esto que está pasando, que se impregne donde se impregnan todas las cosas, la corteza y las pieles. Lástima, mejor obviar, olvidar. Qué vergüenza más grande. Pero a veces me da por sentir que yo empezaría a existir -esa que no tiene dónde, esa que se diluye y se autodescompone-, si no hubiese ningún secreto ni vanidad, si lo supieras todo; entonces ya no habría que inventar a nadie, ni cargar con nadie, ni perdonar más. Cuándo vas a entender, cuándo vamos a recomponer la historia, reconstruir la escena, cuándo vamos a armar un pequeño templo entre les dos, donde olvidarnos del mundo y caer en nosotres, para confesarnos e inventar en común avenencia una suerte de evangelio, o, mejor, una suerte de historia mitológica sobre el origen de esto que somos les dos, todo lo que sucedió, tanta miseria del corazón. Siento siempre que estoy muriendo y que no me puedo ir del todo porque faltan muchas cosas que decir y que dar y que hacer, estoy llena de piedritas, de coágulos y de escombros que coleccioné por ti o para ti o para mí o ya no sé. Cómo darte todo y quedar liviana. Cómo darle espacio a estas insistencias lastimeras, ya pasó todo, ya es demasiado, pero este cuaderno, por ejemplo, este cuaderno que acabo de encontrar y que de verdad fue ver cómo de a poco las letras de lo que escribía se ponían a sangrar... bueno, este cuaderno, viste, cómo hago para no estar sola, para verlo les dos en silencio y querer morirse, o llorar, o gritar. Me inventé una idea de la complicidad y del silencio casi mágica; ellas juntas [sic] pueden construir la intimidad que me fundiría en todas las cosas. Pero dónde hallar eso; ahora todo lo que siento viene de los propios cuentos que en las noches me invento para poder dormir.".
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