"Me
muevo con les que nos miramos a los ojos, con les que reímos, con les
que respiramos. Me muevo con les que sudan, con les que tiemblo, con
les que chocamos, y con les que intentamos no chocar. Con les que
confiamos y damos nuestro cuerpo, peso. Con les que -¡aleluya!- me
confían su peso. Con les que si me piden una costilla, se las doy, y
con les que me dan su pecho si yo se los pido. Con les que aprendo a
dar y también recibir y no salir corriendo [bueno también me muevo
con les que corremos, rodamos saltamos trepamos. Me muevo con les que
cerramos los ojos, con les que entregamos nuestro cuerpo y nos dejamos
conducir y guiar. Con les que miramos con el cuerpo, como si toda la
piel, todos los órganos, toda la sangre tuviera ojos, como los dedos de
les alfareres de Saramago, aunque parece que esos dedos tenían
cerebros... bueh, lo mismo... me muevo con les que nos escuchamos. Con
les que escarbamos como topos entre los límites de los cuerpos, de los
pequeños vacíos del espacio. Con les que nos introducimos, y también
intervenimos, los ritmos propios de cada quien y cada cosa. Me muevo
con les que me esperan, con les que me dejo precipitar. Me muevo con les
que no nos movemos. Me muevo con les que nos aferramos a la tierra y
empujamos el cielo, quietas todos como montañas. Me muevo también con
les que saltamos en la micro, con les que nos sostenemos, nos
levantamos, nos golpeamos con-o-sin querer, con les que nos
esquivamos, nos escondemos y nos rabiamos. Vomitamos, efervescemos,
explotamos. Casi nos ahogamos, nos detenemos, nos aquietamos; caemos,
volvemos [no nos vamos. Me muevo con todas ellos. Me muevo con les que
comparto tiempo y espacio. Con quien esté aquí. Vive y compasive.
Atente, latiente, sangrante".
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