Hay tantas cosas de las que me gustaría hablarte, tantas. De lo mucho que me cuesta sentir que el espíritu de todas las cosas le da la bienvenida a las palabras para que se desperdiguen libres y livianas de mi boca. Lo mucho que me cuesta, en serio, que me cuesta tanto, que hasta incluso se me olvida a veces que se puede hablar. Me gustaría hablarte de la urdidura fina que tienen los momentos contigo, no sé de qué estan hechos, pero yo me siento como un poco dormida, como un poco en un sueño, veo hilitos de baba tal vez, no sé, hilos finos y plateados que se suspenden de las estructuras, que caen lánguidos, como telarañas tal vez, hilos así, transparentes y finos que se posan sobre el aire y sobre todo nuestro espacio cuando estoy contigo, me gustaría que lo vieras. Me gustaría contarte de mi sueño cuando niña. La pesadilla de nunca poder llegar al borde, a la otra orilla, la otra piel. El terror de sentir que algo se detenía, no sabía si el tiempo o el movimiento, pero algo se detenía y yo no podía llegar a besar la mejilla. Era horrible, me gustaría decirte. Y contarte que después no soñé más eso, pero lo sentía en cada contacto y cada tipo de relación. Me gustaría contarte de mi miedo a la muerte, esa obsesión que me dio como a los diez, más o menos. Me gustaría relatarte las madrugadas arrinconada en mi cama, paralela a la pared, de cara a ella, mirando subir y bajar a las hormiguitas por entre los ladrillos de mi pieza, pensando en la muerte. Preguntándome todas las cosas posibles acerca de ella. Y después contarte cómo se me quitó el miedo, hablarte del sueño con mi bisabuela. Me gustaría tanto hablarte, en serio, pero necesitaría tanto tiempo. Y es irónico, porque nos conocemos hace cinco años, en cinco años ya debiera haber alcanzado a decirte algo, ¿no?, pero nunca te he hablado. No sé por qué no te puedo hablar. Me quedo pegada mirando los hilos tan bonitos. Me gustaría hablarte, repito repito repito, y siento cómo me voy ahogando de a poco mientras digo esto. No me ahogo. No es ahogo. Asfixia no. [pero] Digo quiero hablarte. Empiezo diciendo Hay tantas cosas de las que me... y sé que es callarme. Sé que sigo con el discurso pero voy directo a callarme. Mientras hablo mi vocecita se apaga más. No escuchas que quiero hablarte. No te digo que quiero hablarte. Yo me tomo y me alejo. Yo me hundo y me pierdo. Queda transparente y sin cuerpo mi voz. Se deshacen las cuerdas de mi garganta, se disuelven las ondas de mis sonidos mientras te voy contando.
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