¿Podrías creer que una triste alma aún pasa por todos los espacios que alguna vez fueron nuestros espacios, como si pasara delante de la gruta de una virgen?
¿Podrías comprender que una pobre criatura lleva minuciosamente muy presente todos los días que fueron nuestros días, como si se tratasen de los mismísimos misterios del santo rosario?
Sinceramente, esta fervorosa adoración a tu simple existencia no sé si es producto de un tozudísimo amor inextricable o una agudísima nostalgia patológica, pero sí sé que si pudieras sentirme sintiendo así, eso que me dijiste tan resignado y destruido aquella vez que nos empapamos de noche en el mar, quedaría obsoleto y desmentido, pues cobrarían cuerpo y sentido las palabras que entonces, lívida y gélida, proferí: se rompió tu religión -ésta te adora.
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