Todos los días siento que vuelvo a empezar. Y aunque todos los días releo el antiquísimo libro que me creé con ficciones acerca de un mustio Ayer mío, y aunque todos los días se me calcine el corazón con las enardecidas tristezas que me provocan dichas lecturas, no ceso de sentir, todas los mañanas, que cada día vuelvo a empezar. No ceso de sentirme nueva, ajena, entrando. Ese libro son memorias mías, pero allí no estoy yo, yo soy otra. Pero de pronto casi todos los días, cuando en el espejo me estoy mirando como siempre -un tanto distante, un tanto admirada, un tanto impasiva...- fugazmente reconozco alguna expresión en los ojos, en la boca, las cejas, la quijada. Entonces pienso: Ah, sigues aquí dentro, como diciendo, no muy conmovida Ah, todavía sueño.

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