Presiento que estoy por olvidarte
Siento que sería fácil dejarme llevar por el olvido.

Otra llave a otros ojos ansío en el portal del espejo
y ya no me seducen mis ingenuos delirios.

Es fácil volver al silencio incluso antes de mi llanto:
un movimiento de pecho basta, es bien sordo y grave,
como un suspiro hacia abajo.

Un movimiento de pecho basta: respiro y tú te vas.
A veces necesito cerrar los ojos también, pero
respiro y tú te vas, eso es lo importante.

Presiento que estoy por olvidarte
porque ya ni ganas tengo de seguir llorona el ritual de tu extravío
ahora vivo para otras cosas, y no busco tus gustos en los gustos míos.

No te imagino mientras bailo, casi ni te imagino mientras escribo.
A veces te veo caminando por tus espacios,
pero te juro que ya no me seducen más los ingenuos delirios.

Aún a veces en mi mano siento tu mano,
y en los espacios que deja mi cuerpo siento el tuyo que no está,
pero entra el movimiento de mis ojos, de mi pecho,
y en ese espacio imaginado no me quiero quedar, me voy, me duermo.

Presiento que voy a olvidarte cuando miro serena nuestra distancia
en mi reflejo en mi ventana de mi pieza de mi noche,
y veo la guirnalda de lucecitas coronando mi cara y digo Al sur, santiago.

Noches atrás apareció una polilla justo encima de mi frente
y no te mandé saludos con ella; ya no me importa
ningún rastro ninguna huella ningún caminito argentado
que haya querido dejarte alguna vez este corazón mío caracol.

Hago planes de volver a mi no pelo,
me abandono y no me importa si no lo ves crecer.
Hago planes de enamorarme de quien sea en el puerto,
de no buscarte en ninguna parte.

Presiento que estoy por olvidarte, y decido deslizarme por ese camino
en cuanto se me dé la posibilidad de caer como bailando.
Presiento que voy a olvidarte. Otra vez. Por tercera vez. No sé qué vez.
No sé si ves tú.

Presiento que voy a olvidarte, me voy, lo ansío.
Presiéntelo tú también, por favor,
y acude raudo a impedirlo.

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