Me parece tan injusto que, si este amor lo tentamos les dos, y entre les dos lo cuidamos y a les dos nos costó, ahora esté yo sola intentando resolver cómo hacer con el vendaval que arrastró, mientras tú te guareces en la alegría ciega que da el calor de otro techo y otros brazos, al rato que yo intento no desvanecerme en la pretensión de mantenerme entera, de que no se me escape por entre los dedos ninguna gota de amor, ninguna de dolor, mientras trato de hacerme cargo de mí, de hacer algo conmigo. Tú te fuiste, abandonaste nuestro nido. Pero está bien, voy a intentar con amor recomponerlo, con amor ordenarlo, dejar cada cosa en su lugar, y ojalá pronto partir yo también.
Si vuelves, verás un espacio hermoso, querrás permanecer siempre dentro, pero tendrás que marchar, no habrá nadie para ti. (Y tú odias estar solo).

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