Vas a estar bien, te reirás. Te reirás tan fuerte, que una carcajada te tirará algo, una fibra, una fibra sentirás que desde muy adentro se raja, te corta. Entonces no habrá dolor, pero sí un cambio de color, de atmósfera, de tiempo, como lo hacen los focos en las obras de teatro. Y sabrás que todo en ti está álgido, que todo en ti está ardoroso y fuerte, pero extrañarás la soledad, extrañarás esa soledad en compañía, extrañarás el silencio, la sutileza, extrañarás la ternura ciega y la ciega incondicionalidad. Extrañarás la inocencia ingenua, la simpleza, el saber poco de estas cosas, la complicidad. Te empezarás a preguntar a dónde se habrá ido la confianza, la sensación de la cara liviana, sin ninguna máscara, a dónde se habrán marchado las confesiones desnudas y enteras, te preguntarás. Y pensarás si acaso existirá todavía ese lenguaje de la piel, de los ojos, de las manos, tan perfectamente pulido por esta hablante que, curiosamente, pareciera que fuera su única forma de certeramente hablar. Y extrañarás ser el mar, estar en el mar, amar desde el mar, y ya no sentirás la felinidad de mi agua, lo salado de este misterio profundo movido por la luna. Caerás en cuenta de que ya no nadas, de que ya no te hundes en ninguna agua, en ningún misterio, en ninguna calma, sabrás que estás muy arriba, en la superficie, que te has perdido todo lo incognoscbile, lo indescifrable, lo oscuramente profundo. Ninguna huella dactilar le susurrará a la geografía de tus huesos, tu cuerpo estará mudo, nadie le habrá preguntado nada, nadie lo habrá querido escuchar en el susurro latente de su respiración silente. Y volverás a ti, y serás un huracán, notarás que ya no hay brisa, que ya no vuelan mariposas, que ya no canta ningún hada, que se secó la magia que aún, a la distancia, te daba de comer. Y por fin sentirás mi ausencia, sentirás en ti un hueco, y te preguntarás dónde dónde dónde está la calma, mi calma, la calma, la calma, dónde está la calma y mi boca, mi mirada. Entonces sabrás a ciencia cierta, por primera vez, que te hago falta, y que todo tu ser, irremediablemente, me extraña.

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