Ejercicio de intro a la dramaturgia (enero 2019) del que no me acordaba pa ra na da

La Justicia, sola, tranquila mira que se avecina el Pueblo. Les mira acercarse. Son miniaturas, son hormiguitas. Mirarles casi da cosquilla. Se van agrandando, cada vez más grandes, ya no cosquillean la visión. Molestan. Vienen, están cerca. La Justicia les mira y piensa: Aquí vienen. Y ahora pretenden que les sirva de jueza... “Buenos días, Sr. Pueblo, ¿me llamó usted? Estoy a sus órdenes”. Eso quisieran, que les sirviera de jueza. El Pueblo llega. Llama a las puertas de la Justicia.

Pueblo: ¿Aló?

(Silencio)

Pueblo: ¿Aló?

(Más silencio)

Pueblo: ¡¿Aló?!

(Más, más, silencio)

Pueblo: Abre.

Justicia: No.

Pueblo: Abre.

Justicia: (Abre) Qué.

Pueblo: Se murió Chile.

Justicia: Sí.

Pueblo: Lo mataron.

Justicia: No lo sé.

Pueblo: Sí.

Justicia: Quién.

Pueblo: Eso dinos tú.

Justicia: No.

Pueblo: Dinos.

Justicia: Se debe investigar.

Pueblo: Dinos.

(Silencio)

Justicia: No sé.



EN EL VELORIO

Un cuarto respetable pero simple. El verde olivo de las murallas, de tan pulcro, da rabia. Hay plantas. Son perfectas. De tan perfectas, parecen artificiales. Todas las sillas están obsesivamente ordenadas. Hay silencio, hay espacio, hay tiempo, pero sólo reina el vacío. Todo sonido corta, todo gesto mueve, toda mirada detiene.

En el centro, un féretro. Cerca de él, la Sra. Patria, viuda; el Héroe Patrio, su hijo mayor y los Mellizos, sus hijos menores. Dentro de él, Chile

Mellizos: ¿Entonces murió?

Héroe Patrio: Sí.

Mellizos: ¿Y por eso está encerrado ahí?

Héroe Patrio: Sí.

Mellizos: ¿Y tú lo viste morir?

Héroe Patrio: No.

Mellizos: ¿Y la mamá?

Héroe Patrio: No. No se muevan, hablen bajo, están en un velorio.

Mellizos: ¿Y cómo se sabe entonces que está muerto? ¿Qué es un velorio?

Héroe Patrio: Porque murió, porque no está vivo, porque se sabe. Un velorio es esto.

Sra. Patria: ¡Ya, niños! Aquí, silencio. Acérquense a su padre, vamos a rezar.

Pueblo: Buenos días, señora, con mucho respeto, vengo a acompañarla en esta triste circunstancia. Mi más sentido pésame. Es, sin duda, un hecho terrible.

Sra. Patria: Gracias, Pueblo.

Pueblo: He traído conmigo, además, a una vieja amiga. Usted debe conocerla, se trata de la Justicia. Está ella también muy consternada y promete ayudar en lo que sea posible.

Sra. Patria: Muchas gracias, Pueblo.

Justicia: Aunque tú, Pueblo, tienes muchas bocas para hablar, agradecería no le quitaras su derecho a la mía propia, sobre todo si es con respecto a mí que sueltas la lengua.

Pueblo: Amiga, sabrás dispensarme, en modo alguno he obrado con la intención de pasarte a llevar.

Justicia: Entonces pasa de mí y no me lleves. Me arrastras del codo hacia tus proyectos y yo he decidido mantenerme al margen.

Sra. Patria: Permiso, les dejo.

La Sra. Patria se va. Se para frente al féretro. Entonces los y las presentes la miran. Y la siguen. Todos y todas en línea, rectos, rectas, casi perfectos y perfectas, tras ella, miran al féretro. Sólo cada cual y nadie más que cada cual -ni siquiera Dios-, sabe qué intención se oculta tras la silenciosa mirada al féretro y qué estado y sensación les recorre el cuerpo.

Recorre todos los lados y todos los rincones un inquebrantable silencio. Chile está muerto y el silencio se ha vuelto rey y majestad. El silencio, decía yo, era inquebrantable. Era. Pues acaba de romperse. La madre lo rompe. Se ha roto en llanto.

El Héroe Patrio se acerca, la toma delicadamente del brazo, le sugiere distancia, la invita a la línea con las demás personas, la lleva. El silencio se recompone. El Pueblo quiere hablar.

Pueblo: Dicen que era un país triste. Dicen que siempre fue flaco pero que ahora lo estaba más, que ya no tenía color, que hace tiempo que andaba cambiado, que ya no tenía ganas, que estaba distinto, que dejó una nota y que la quemó. Pero tenía ganas, yo sé que tenía ganas. Sólo que no estaba contento, sólo que no estaba tranquilo ¿cómo se puede vivir tranquilamente cuando se tiene corazón? Es sólo eso, no estaba tranquilo, le latía el corazón, le latía muy fuerte de hecho, pero eso es bueno, aunque eso era también el problema, pero tenía ganas. No se puede negar.

Sra. Patria: Señor Pueblo, por favor.

Pueblo: Discúlpeme, señora, yo sólo quisiera que se tuviera respeto por la verdad. O al menos por la duda.

Sra. Patria: Y yo qué más quisiera que se tuviera respeto por los muertos, Pueblo. O al menos por quienes siguen viviendo.

Pueblo: Enhorabuena pues, señora; deseamos lo mismo.

Sra. Patria: ¿Usted también ansía su silencio?

Pueblo: … Señora, discúlpeme.

Sra. Patria: Está bien, Pueblo.


No hay comentarios.: