tení un duende inchawea a la altura de tu frente pero por adentro. cuando vai a decir algo, su cabeza rueda hasta la punta de tu lengua y te empieza a meter que lo que estai pensando no es nada importante como para interrumpir el silencio o tan necesario pa que tengai que escuchar de nuevo tu voz.
tú sabí eso
pero después el mismo duende odioso, cuando estai a solas, no para de reprocharte porqué no hablaste. no deja de hacerte sentir angustia. cualquier comentario que ignoraste por fútil, ahora se ve como que te farriaste la única posibilidad de confesiones de vida o muerte que antes no lo eran o no sé qué volá.
también sabí ésto pero se te olvidó parece
(tení que decirlo todo. aunque después te sintai imbécil.
cuando te enojai contigo por hablar puras weás, berrincheai menos que cuando te angustiai por cerrar el hocico más de la cuenta.
y yo no tengo tiempo ni guata pa andarte escuchando con tus resacas sociales, avíspate).
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