Nací para el amor dijo Antígona. Que no tenía amigos sino amores decía Lemebel. Pero Lemebel lo dijo desde su propia boquita y a Antígona le metió esas palabras un hombre. Hay tanta gente asquerosa que también habla de amor.
matar por amor por amor por amor por amor por amor por amor hacer cruzadas por amor por amor por amor por amor por amor por amor prohibir por amor por amor por amor por amor por amor por amor por amor colonizar por amor por amor por amor por amor torturar por amor por amor por amor evangelizar por amor con amor por amor con amor por amor con amor desterrar por amor con amor por amor transgredir los límites que te cuidan por amor con amor por amor con amor por amor con amor ceder forzosamente tu consentimiento por amor con amor por amor con amor maltratar con amor con amor no denunciar por amor con amor por amor rechazar con amor
Es un monstruo sin cara que domina todo con su eslogan hipnotizador. Devora y después escupe. Disfraza sus fechorías de bondad, sacrificio, virtud.
Yo, me asusto, me asqueo y pienso que no quiero haber nacido para ésto. Me atreveré a autoxiliarme de la patria del Amor, pregunto. Traspasar la frontera, elegir los territorios yermos o quizá solo secos, hasta encontrar algún páramo o estepa. Alimentarme de semillas y hojas silvestres cercanas a los senderos; las uvillas del afecto. Frutos que quizá no tienen nombre o se han olvidado, que parecen pobres de cualquier valor pero nutren y resisten más que lo propio de la ciudad. Y mientras voy por caminos inhóspitos y solitarios, descubrir rastros o señas que me indiquen que otra personita también anduvo por ahí y no debe estar lejos. Entonces sentir cómo suben otros calores, otros colores, otras ternuras. Pregunto. Y me pido. Y me incito.
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