Cuando miro por la ventana. Cuando miro a lo lejos o hacia arriba. Vuelvo a notar, con una risa medio traviesa en la mirada, que es muy obvio que el cielo y los cerros son dos papeles lustre pegados con stick fix. Se nota. Es evidente. Y eso me deja una  sensación cosquillosa tan extraña, un sabor dulce tan especial. Qué será. Azucarado regocijo o meliflua resignación. 

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