mi corazón mi desorden mi problema

no entiendo el desparpajo de mi corazón,
cuchitril caótico.

estará hecho de calaminas sueltas acaso

se cimbrea ruidosamente 
no bien aparece la más leve brisa.
se inunda y deja posas
que vulneran el paso firme
apenas viene la llovizna
o baja el rocío impío de una noche helada.

no entiendo no entiendo
qué tan precario debe ser
qué tan austero, qué tan viejo
qué tan gastado rasgado y abierto debe ser
o estar
para que cualquier evento lo mueva,
cualquier fenómeno sea inmenso.

qué es esto.
piso de tierra. no hay techo. 
sólo algunas paredes
que no organizan ni encierran,
se yerguen solitarias 
como material de mural, de galería,
de cortina para el viento,
si una noche la paso ahí.
qué es esto.
patio grande y antiguo.
terreno vacío y desolado.
    vacío de qué.
si tiene una tierra que brota hasta con baba
con lágrima con sudor.
qué son estas vidas enredadas
en las cosas.
tallos y flores entre los intersticios
en las trizaduras.
raíces cortando, rompiendo e interrumpiendo;
acunando también.
colchones de malezas
nidos de malezas.

esto no es un corazón,
es un pandemonio.

y qué me importa a mí, 
si nadie entra.
pasan por afuera,
o pasan
a tomar vino, darse besos y tocarse,
a rayar cosas, a hablar solxs
a sacarse fotos
a grabar un vídeo
a hacer una intervención de danza contemporánea en espacios no convencionales.
a llorar.
a mear.
nadie necesita limpieza y orden para eso.
nadie necesita suntuosidad y excelencia para eso. 
y es que 
qué me importa a mí.

    quien entre
a habitar
a habitarlo,
que salte, que esquive, que aparte
que aguante, que espere,
que se mueva.
y después 
nos acostamos entre las flores.
ellas nos sintieron venir
y al momento de irrumpir en la tierra, 
cada una se movió un centímetro más al lado 
para hacernos lugar.




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