busco movimientos poco cuerdos, espasmos contra ángulos, superficies y texturas, tactos raros y algo bestiales que me ayuden a acceder a este monolito de mi pecho, al volcán submarino en mi guata. si hablo se vuelve tan irreal, si gimo ya soy otra persona, se torna música, sonidos externos. en cambio, mi piel, mis huesos y mi carne son inseparables de mí, yo me restriego pero no pasa nada. me dan ganas de vomitar hasta botar incluso la médula, las tripas, vomitarme entera, quedar pura piel que alguien mezclará con tierra de hoja o arena de río pa las plantas. fantaseo con quedarme en el suelo hasta petrificarme, volverme una roca a la que la pule el mar, mi pecho por fin molido por la espuma cosquillosamente violenta. sueño con quedarme en el suelo hasta hundirme para salir mitológicamente de un matorral como una serpiente de esas que busca mi sobrino en el cerro y arrastrarme arrastrarme arrastrarme, no tener que erguirme más.
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