Me da miedo despertar y que el sueño no haya limpiado nada. Me da miedo terminar el día con ganas de llorar. Me da miedo que ningún detalle bonito suceda hasta que regrese a casa. Me da miedo no recibir cariño y tampoco saber qué cariño puedo llegar a querer. No me parece motivo de celebración. Eso no me da miedo, me da un poco de pena. Que dure lo menos posible, que sea solo 5 minutos y justo los 5 minutos diarios que debo juntar. Que no me dé tiempo de pensar que es tanto tiempo, por qué tanto tiempo y que mínimo debería llegar hasta el doble más. 5 minutos en un día. No sé si podría encontrar cinco días en este año. Y en el próximo. ¿Y 5 años en una vida? Cuando maceré pétalos de rosa en aguardiente para abrir la botella en mi cumpleaños, supongo que ese día debe haber sido un buen día. Debo haber creído en el sabor dulce. Mañana probablemente estará amargo y no osaré en volver a guardar flores en una botella etílica para abrirla 365 días después. Para qué.

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