Aprieto todo.  Cierro con fuerza mis ojos. Me quedo cerrada y, sin ver nada, me repito: Ya va a pasar, ya va a pasar, a la cuenta de tres, cuando los vuelva a abrir, mi cuerpo tendrá sentido.

Me siento una zanahoria en el suelo que no llegó a ningún estómago, a ningún basurero y a ninguna feria. Quiero ser una zanahoria que estaba sola y despertó en una cara para ser nariz. 

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