Me acuerdo que me pediste que te fuera a ver y que yo compré en ese mismo momento los pasajes, aunque no te lo dije. Te dije que no sabía si podía, que tenía que revisar y te avisé solo algunas semanas antes.
Ahora parecen una exquisita riqueza extinta tu espontaneidad para pedirme y mi avaricia para exponerme. Pero si volvieras a hacerme rica, no sé si dejaría de ser avara.
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