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“Qué ganas de viajar a Santiago y tener mucho tiempo para leer en el bus. Y así llevar un libro, y así tener compañía mientras trabajes o juegues. Y así tener una excusa para irme antes a la cama. Y así tú me fueras a buscar a la pieza y te recostaras conmigo. Y así verte la sonrisa que creo que pondrías al saber que es La guerra y la paz lo que leo. Y así verte la expresión que creo que pondrías si te dijera que es sólo el primer tomo. Y así decirte que leyéndolo te recuerdo mucho, sobre todo por el intenso olor a libro viejo que tienen sus hojas. Y así decirte un poco que te quiero. Y así por fin yo pudiera explicarte todo. Y así por fin tú pudieras entender algo -lo que sea”.
Bueno, dada la época de corazones flacos, reajusto mi lista de deseos y exigencias: qué ganas de que me recibas, no más.
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(Lucas, te extraño mucho.
Lucas, dudo mucho)
Y tan lejos me siento de ti y de todo lo tuyo, que hasta me atrevo a decir tu nombre.
Lucas, dudo mucho)
Y tan lejos me siento de ti y de todo lo tuyo, que hasta me atrevo a decir tu nombre.
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