Me da pena que nunca hayamos hecho algunas cosas. No bailamos mirándonos, no guitarreamos, no tomamos cocinando, no nos duchamos juntxs ni me cambié de ropa una tarde soleada delante de ti. Nos dimos muy pocos besos de día. No nos sacamos ninguna foto. No te pregunté qué cosas te duelen todavía, cuál es tu gesto de cariño favorito, qué piensas que es el amor, qué opinas del tuyo que das, si crees que sabes amar, si sientes que te han amado.
Pero hablábamos tan ligero del después, imaginábamos escenarios. Quedaron por hacer muchos planes divertidos. Supongo que no era arrogancia de querer dirigir el tiempo, ni tampoco hipocresía de proponer más de lo que realmente se quiere. Yo creo que fue la inocencia de querer vivir en todos los niveles, incluso en el imaginario.
Supongo que en el mundo imaginario sí te pregunté mis dudas, sí guitarreamos, sí bailamos harto, sí hicimos tofu. Y quizá estamos aprendiendo a tocar batería, no queda casi nada de mi lista de películas y vamos a viajar para el próximo año nuevo.
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