Leí que alguien se despedía de una persona que, pensé, eras tú. Te estaba describiendo. Para mí, te estaba describiendo a ti y a tu mirada, tu sonrisa, tu abrazo y tu manera de andar entre la gente. Me horrorizó pensar que estabas muerto y ya no podía preguntarme por ti, pensar dónde andarás, debatirme entre buscarte o no, sentir pudor de mi imaginaria exposición.
Busqué noticias tuyas entre nuestras amigas en común, quería encontrarte para confirmarlo. Y te encontré.
Soy una idiota, había olvidado tu nombre. Es que, Martín, tienes cara de José; pero qué lindo que todavía camines por el valle de Aconcagua.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario