Cerré los ojos, caí en algo. Un cuerpo me guiaba y yo entregada al espacio me movía como agua.
Sin esquinas ni pausas.
Como sangre de no sé cuál vena. Dos cuerpos, lentito, espiral
baile.
baile.
Así una burla al tiempo, al espacio, a todo, una tregua, un silencio
un paréntesis
y la sangre y el agua.
Me quedo sola,
sigue el eco, la pequeña inercia,
y los pies bien obedientes en el suelo
escuchando.
Los ojos todavía no,
siguen. Me quedo sola, sintiendo cómo te alejas. Y afuera aire otra vez.
Entonces los ojos ahora sí, y abiertos me veo un poco más lejana también,
un poco menos de este mundo.
Suele suceder, mi mano transformándose en la tuya, una caricia que viene de no sé qué mundo
y yo me dejo hasta que se difumina y otra vez es la mía.
Pasa un poco así, esperanza y tortura es tu existencia. Te cuelas como la vida por todas partes,
y por eso me gusta el invierno,
ahora sé que te buscaba entre la niebla y te sentía en el frío.
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