No tengo paciencia,
y de pronto vivir es cargar una ansiedad infinita que quema hasta arrastrarme a la angustia.
Soy como esos niñitos que no saben jugar con los perros y les hacen daño,
Una sed de destrucción me hace cosquillas.
Es lanzar pintura y quebrar vidrios o morderte y dibujarte un rasguño mientras te beso.
Estoy mal, creo que sólo me siento humana e inofensiva abrazada a un árbol.
También solía ser enganchada a su ojo, arropada en su respiración, tendida sobre su piel
pero está muerto.
A mí entiérrenme junto a un árbol, como a los perros.
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