En el fondo de mí en el fondo de allá hay un nudito, un hueco. y se arremolinan en torno a él un montón de brisas de colores suaves y chispeantes. Giran giran giran y vibran y brillan. Es constante, es eterno, y yo camino por los días viendo y si(nti)endo ese remolino. Entonces te hablo al espejo, te recuerdo, duermo con tu libro, escucho y bailo tu música porque estás, porque te veo, porque no te has ido, porque estás tan paralelo, que yo no puedo más que desear volverme demasiado evidente y perceptible, que el olor de mi esencia lo trascienda todo para que tú no puedas más que quebrar tu recta para que converja con la mía. Y me asusta, me asusta esta cercanía, este sueño, la ingenuidad, la esperanza absurda de que están las tizas y que un trazo de ellas con forma de puerta en la pared nos basta para conectar nuestros mundos.
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