Te imagino caminando por esos cerros que yo no conozco y me gusta.
Igual que te imaginaba leyendo ese libro que te presté y me ponía feliz.
Igual que me acuerdo de tu colmillito que se escapa siempre en la sonrisa y a mí me hace que me quiera morir de la ternura y me tenga que afirmar de todas las cosas que nos disparan líneas y ángulos cuando caminamos de noche, para no derretirme ante esa candidez que no tiene idea de dónde sale y que le resiste a tus ojos y hace que ellos valgan la pena. El colmillito y tu sonrisa valen tus ojos, se podría decir, y yo me derrit-. Bueno, por cierto, gracias por esa vez. Fuiste un puntito de risa muy oportuno, aunque odie los teléfonos y las voces que viajan de aquí/para'llá y viceversa sin verse. Ojalá hayas partido con la canción. Ojalá camines escuchándola en la cabeza. O escuchándome a mí. Prefiero la canción. Prefiero que rías, si me piens-. Ojalá vuelvas pronto, tengo frío. Quiero mi gorrito.
[Y bailar, y caminar y reír y molestarte con "mi nihilismo y el brillo de mis ojos" [eres un verdadero idiota; si sigues coqueteando así, cuidado, que te puede llegar un bes-] y jugar y agobiarte con mis inevitables batallas a razón de las palabras y entretenerme viendo cómo lentamente alargas tu cam- y contarte que ya no vi más el bichito.
Ya. ¿Cuánto falta? Quiero mi gorrito.
Fin.

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