Te pienso.
Nuestras caminatas de regreso de la clase de danza me parecen historias inventadas, no recuerdos.
¿Por qué te pienso?
¿Tu confesión en la penumbra fue inocua, sincera?
Podría ser entonces que todavía así fuera.
Podría ser entonces que de vez en cuando mi ausencia te perforase la tarde y por entre los pequeños orificios de día apolillado yo apareciera.
¿Por eso te pienso?
Yo juego que me enredo en el ensueño de estar a tu lado
de confiar en la brisa helada de cuando me miras, que direccionara acaso las ideas y las palabras a algún buen lugar.
Yo juego que me enredo, gustosa y porque quiero, en el ensueño de la suave esperanza que da
el pensar que en el hueco de tus manos y de tu boca se anida tal vez un breve destino a donde llegar.
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