Todo lo que hice, todo lo que hice irremediablemente mal, en alguna otra esquinita lo estuve haciendo esplendorosamente bien. Y lo único rescatable de que aquí todo lo que ocurre hoy sea dura, concreta y pesada fealdad, es que allá, allá entonces por naturaleza y ley, allá todo lo que sucede, es verdadera pureza, candor, felicidad.
(Y ese es el dolor que me queda, el malestar que me quema, la cosquilla que me pica hasta la sutil desesperación de esta tristeza de sentir en la enferma quietud que me deja el sopor de este desaliento, que justo al ladito, justo aquí mismo, todo de otro modo está estallando, brillando, riendo. Justo aquí en otro lado nos estamos mirando, nos estamos besando, nos estamos queriendo, estamos bailando otra Revolution, estamos corriendo de la mano y moviendo nuestras vidas a toda alegría y velocidad, haciendo mucho ruido y temblor para este lado de acá, dándome manotazos y empujones porque aquí yo no me protejo, no me muevo, porque aquí yo me quedo inconsciente, perturbada, sintiendo desde este lado de las cosas mi otro movimiento, sólo diciendo No, no, no, o ni siquiera diciendo. Solamente sin brío, con frío, sin saber qué hacer, sin tener qué. Algo.)
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