A esta hora me
despedaza
desespera
lo latente e irrefutable
Y quisiera rajarme la piel
de adentro hacia afuera
desde más adentro del ombligo
hacia todos lados.
A esta hora me
despedaza
desespera
lo latente e irrefutable
Y quisiera
ser diamante
no en lo figurado,
sino en lo concreto.
Ser diamante y
dura y transparente
caer y volverme
añico puro.
A esta hora no encuentro
paz en la alternativa del juego mental
que todo pueda construirse y desaparecer
a sazón de la voluntad y las frases articuladas.
Que todo sea distinto,
sólo concentrándome
en creérmelo distinto,
a estas horas me mata.
Después qué, todo el tiempo
desvaneciéndose y regenerándose todo.
Hasta cuándo.
Cómo pudo ser verdadera esa certeza que
me limpió en la ducha
cuando me sonreí concluyendo
que realmente nunca
iba a ser parte de mi dharma
estar contigo
Y cómo pudo ser verdadera esa sensación
que me abrigó en la noche
cuando me dormí comprendiendo
que lo único necesario
era lanzarme y quererle
y no abrir los ojos
hasta estar de nuevo en sus brazos.
Quiero que sean verdaderas las dos.
Quiero volver a las dos.
Si me sentí así en la ducha
Si me sentí así en la cama
Por qué ahora no confío
ni me convence nada.
Por qué todo me da vueltas
y no puedo relajar la mandíbula
y el ceño y por qué si es tan fácil
construir y creerme lo que sea
estoy paralizada en este espacio
en blanco que se desmorona
en el temblor de la ansia
de por fin ser pintado y esculpido.
No quiero herir
No quiero herir
No quiero herir
Ni a mí ni a nadie.
Y la sinceridad siempre será la misteriosa paradoja.
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