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[...] Me estoy aburriendo un poco de mí. Me siento un trapo pesao, mohoso, pegajoso, como esos dejaos sin escurrir en el lavaplatos, que se ponen medio babosos, que dan asco y flojera tomarlos y se tocan con la yema de los dedos solamente (yo los toco así). Quizá no soy un trapo del lavaplatos porque igual estoy seca pero tengo hongos o mucho polvo, qué sé yo. Puede que sea el mantel viejo que se volvió trapo pal piso y quedó tirao en un rincón después de usarlo porque no se supo dónde ponerlo a secar. Medio seco medio húmedo. Y obvio áspero. Y manchao. 

Me estoy entreteniendo en las comparaciones, buscando casi mi avatar de la sensación, puro pa postergar el ejercicio de nombrarla. Como cuando me entretenía en la decoración de los power point en vez de poner la información. Siento que me volví una cosa muy cochina y enredá. Estoy cansá de mí. No sé qué vidrio tengo empañao y manchao con aceite de comida, lágrima, polvo, lluvia, vapor de té, grasa de dedos, too junto. Si me limpio los lentes no sirve. Incluso aunque los limpie con ese spray bacán de mi mamá que le gustó a la Tamara y a la Mavi porque hace ver a través de ellos como cuando están recién compraos. Tampoco sirve si hago cosas que me pongan feliz. Aquí todo lo he visto igual no más empañao y feo, aunque sean cosas lindas que extrañaba o estaba esperando hace rato. Y tengo vergüenza de llegar allá y que mi cara no sea las más alegre, sino pura cara de huaipe feo y opaco.

Me da mucha flojera tomarme. Si lo hago, después me dan ganas de limpiarme las manos en la ropa. Una de las pocas ternuras que he tenido conmigo ha sido hoy ir a comprar pan y, como estaba caliente, empezar a pellizcarle pedacitos camino a casa. Eso me sacó una sonrisa porque me acordé que siempre me ha gustao hacer eso, desde chica; a la persona con la que iba a comprar siempre le preguntaba si podía contabilizar otro pan más pa que yo me devolviera mordisqueando uno. Creo que a ti también te lo he pedido.

No sé cómo quitarme esta sensación de la guata apretá todo el rato. Me siento amargá la mayor parte del tiempo (ser una amargá me da mucho miedo, pienso que es de lo peor que te podría pasar en la vida).  Ridícula e insoportablemente mañosa. También asustá y temerosa. Cualquier cosa me supera y quedo paralizá por un rato. No puedo ordenar las ideas ni las prioridades. No puedo organizarme. Mi cabeza es un pelotón de hilachas grasientas. Un bodrio honguiao por quedarse en el tupper mucho rato. Así de pestilente y venenoso adentro. Así de sucio e inaccesible.
Casi no puedo conversar sin sentir ansiedad y estar toda tiesa e incómoda por nada. Todo lo veo mal, no me siento capaz de ninguna cosa. Nada lo celebro y lo agradezco genuinamente, o casi nada. Todo tiene una gota seca, una pelusa y eso me molesta en vez de hacerme sentir viva y no sé, menos artificial y fome. Veo las cosas de la vida y los desafíos como una ola gigante y no sé qué hacer contra eso y por qué tendría que ser contra. Paso todo el tiempo poniéndome dura no más y encerrándome, pa que la ola me lleve o pa atravesarla sin golpearme. Igual no sé qué daño le podría hacer el agua a un trapo. Dejarlo más hilachento quizá. Más perdío, a la cresta de la loma, por donde no anda nadie. Excepto yo. (Pero igual eso de que "solo yo" es mentira, como siempre).

Me confundo, veo todo sombrío y enrevesao. Decido mal, desconfío, agrando las cosas, veo monstruos u hombres malos en cúmulos de ropa y troncos de árboles. No sé si es una nube cargá de agua no más o quizá de qué cosas. O quizá ni siquiera es nube. Ojalá sea nube pa que se vaya. Me siento muy apagá sin fe ni fueguito. [...] Me da rabia enredarme en estupideces, sabotear lo que me importa, que todo quede en mi cabeza y reaccionar a eso, no a las acciones, ver en todo figuras afilás y defenderme de cosas que en realidad son blandas. Darme cuenta que no he mejorao, que me sigo equivocando de la misma forma, que me encierro sola, que me protejo del aire, que lo sencillo me cuesta tanto y me deja escociendo como si no tuviera piel. 
[...] Ejemplo simple y bobo: la Vale me contó que se pasó muy bien, que se bailó mucho, que había hasta tinku y un montón de otros bailes nortinos. O sea que de haber ido, este viaje habría tenido hasta el bailoteo añorao. Cosa que la había pensao así a vuelo de pájaro cuando imaginé el viaje. Pero eso lo digo ahora. Porque habló la Vale y la Vale lo vio hermoso. Pero en volá la Vale lo vio hermoso porque la Vale ve hermoso poh. Y quizá como estoy con la visión empañá, no lo habría disfrutao. Tal como por estar con la visión empañá, temí que no lo haría. Ves. Desconfianza y amargura </3 
Y se supone que estas cosas sirven para conocerme y aprender. Pero me sigo equivocando como si me dedicara a coleccionar las mismas piedritas. Más chicas o más grandes. Pero las mismas piedritas.

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