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Estoy cansada, la utopía y la norma me marean entre ellas. Estoy dividida y separada. Yo quisiera dinamitar todas las reglas de la piel y del contacto, que queden suspendidas y sirvan solo para mirarlas como estrellas: bien muertas y distantes. Pero aquí, recostada, las rearmo en constelaciones y no puedo escaparme del lenguaje que conozco. No dejo de buscar la corporización del referente para sentirme cuerpo también. Quiero irme. Pero algo sigue mirando para atrás sigue mirando para atrás sigue mirando para atrás. Buscando ropas para vestirse con los trajes de otres. Todavía busco reconocer. Y no me admito corita, descalza, sin nada, sin techo, sin suelo, en el borde de cualquier estructura que guarezca y dé pertenencia.

Necesito que mi boca se enferme. Que mi lengua se enferme. Que mi memoria agonice. Necesito una fiebre que me bote. Y que me deje ahí, como bulto fermentando rarezas hasta que llegue compañía de otro cuerpo delirante. Y necesito confiar en la compañía. Necesito al menos otro cuerpo más donde repartir, desarmada, esta marginalidad deforme. Porque el clamor de mi silencio es grave y urgente. Precisa mezclarse. Precisa ensuciarse con sonidos paganos. Una bacanal de la idiotez y la incompetencia amatoria es lo que ansío. Balbuceos compartidos que me hagan olvidar el ruido lógico y normado de afuera taladrándome la cabeza. Probar gestos herejes e iconoclastas. Retroceder. Crear todo de nuevo. Estas palabras no sirven. Estos fonemas no sirven. Estas caricias. Estas señas. Pero esas tampoco.

¿O las ganas de inventar una nueva forma, al estilo de Jorge González, sólo le pertenecen al corazón del discurso (des)amoroso, plagado de ilusión y de despecho? El clásico «Nadie más te ama como yo», no alude sólo a lo cuantioso e inconmensurable del amor profesado, sino que también a lo auténtico y original de éste. Por supuesto, ambos sentidos son siempre falsos.

Y por qué, ¿porque lo digo yo?

De todos modos, mi versión: «nadie está más desnude y abierte que yo» sé que es igualmente mentira. Ruego, que sea mentira.



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