Me duermo pensando que quizá exageré y con un poco de esperanza de que a lo mejor mañana despierte reseteada y a lo más con algo de vergüenza.
Pero es una mentira, siempre sigue el cuerpo cansado. No tengo ganas de dar explicaciones ni mostrar que estoy viva. Ayer ella me dijo: Siempre me preocupo, pero ¿debo preocuparme más? Por favor dime. Y yo a veces lo único que quiero es que se preocupen, que se den cuenta de que corro peligro conmigo pero no sé para qué.
Cuando pienso que es un berrinche pero después me encuentro con este cuerpo molido, no sé cómo reaccionar. Imito las tácticas de cariño de la gente pero no son genuinas o sinceras. Todo el rato pienso ya y ahora qué, ¿terminó? ¿cuánto rato tengo que estar en esto?
Y muy en el fondo, el reto constante de que es patético seguir en este mismo tren fantasma después de tanto tiempo. La vocecita de que ya crecí y pues, que se note. Cómo me va a costar tanto cualquier cosa, cómo no me voy a dejar nunca tranquila.
Necesito comer. (Y ni eso quiero darme).
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