Ejercicio

Hay un rosado que busco, hay un calor que busco, hay una textura que busco. ¿Está en algún lugar? Y si la encuentro nunca es. Y si la veo cerca nunca está a un paso, como los cerros de la cuesta. Ay, cómo cuesta. ¿A mí me podrían dejar que me diluya en el agua o que me hunda en la tierra? No tengo fuerzas ni para pelearle a la gravedad, la única ley a la que me entrego gustosamente, la única ley a la que le ofrendo mi cuerpo con autonomía y placer. Y el agua que siempre juega a prometerme que puede limpiar algo, que algo va a barrer, que me distrae con el ruido como a les niñes su juguete de cascabel. Y yo juego a creerle, por supuesto, necesito creer. Quién podría estar al lado si me dejo llevar si me dejo hundir, quién. Y por qué estos ojos tan invisibles para ver, tan pobres y mezquinos a veces. 

¿Esas flores te brotaron de tanto estar flotando en el agua? Pensé.

Déjame acompañarte, le dije.

No sé por qué será que mi hogar es lo absurdo. Todo lo que no cabe, lo que se deshace, lo que se derrumba. De ahí soy, de ahí, vengo, ahí voy. Donde las paredes no tienen sentido, donde el cielo es otro techo que se le puede caer el papel mural. Que se destiñan las cosas, que no se entiendan, lo más natural. No importa que mi casa sea bonita, que esté entera y firme. Mi mundo es una maquetita en papel lustre y si entro a un lugar donde se derrumban las cosas o donde ya queda poco y nada solo puedo pensar: mi hogar. Por eso preferí tus nubes en la pared, tus nubes en la tela. Por eso me quedé aquí, mientras el telón se caía. Disculpa que no lo recoja. Las escaleras en la calle que no llevan a ningún lado son mis hermanas. Las puertas en el aire que no abren ni cierran un lugar son mis amigas. Lo que más me gusta de El cepillo de dientes es que lxs tramoyas desarman la obra mientras les actuantes aún actúan. Siempre se trata de eso. Y es tan divertido verlo desde afuera, una vez que sea, por fin.

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