Parece que tú seguiste cocinando con tomate rallado pero yo no volví a mezclar todas las comidas en un solo bol gigante. Sí le pongo con menos empatía vinagre a las cosas pero sólo hoy me acordé de ti con eso. En cambio yo, al parecer, sigo siendo niña símbolo de la avena tostada para ti y para cualquiera. Confieso que te echo de menos cuando ando por la calle y no tengo quien me recomiende alguna picada para comer.
Ojalá no haya sido sólo culpa lo que me hacía permanecer. Espero que todavía, incluso ya estando bien, me quieras a mi manera. Esa manera que me sirve: nostálgica y sin propósito.
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