No me imagino viva tantos años más, me parece una tortura la bendición de la longevidad. Pero no puedo entender que cualquier otra cosa, además de mí, muera. No me cabe en la cabeza, no entra en mis lógicas que todo se acabe. Que los cuerpos sucumban al odio, al genocidio, al crimen, a la autoagresión, a la enfermedad. Por qué esta cosa se rompe así, tan fácil. A ver, quiero probar. ¿Quiero probar?
Tengo tanta pena.
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