A veces necesito pedirte perdón
-discúlpame-
no sé por qué.
Cuando te encuentro
tu imagen se torna más lúcida,
más nítida. Yo voy buscándote
en cualquier esquina perdida,
y al momento de chocar
-que no es chocar porque realmente
esto es verte desde una ventana
con marco verde de madera mientras cae agua-
cae sobre nosotros un sonido de espejos rotos
que me humedece como aguacero.
Entonces pareciera que
le has robado el azul a la lluvia
a la lluvia su azul y el frío metálico al vidrio.
Entonces te ves tan bello así,
tan nítido, que por un instante
la lucidez de tu imagen me quema como hielo.
Y me rompo a dudar y a morder y
dudo de tu búsqueda. La cuestiono
y la escupo absurda.
Estás tan cerca, por qué buscarte
imposible que no estés
pero te busco. Siempre.
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