Me gustaría hablar de cosas, con una cruz hacer una marca en mi piel y desde lo más profundo de ella sacar una línea que rompa la dermis como una espina y que como un rayo se prolongue hasta el corazón mismo de la humanidad, esta cosa agónica y sangrante. Pero no puedo, me quedo en la expectación de estos ojos ciegos y mudos, me quedo en esta boca tiesa, en la grabadora repetitiva, en tu voz, en nuestro silencio, el espacio inter-orbital, las pelusas. sobre todo las pelusas.
Y camino, y camino, y miro. Y este rostro meditativo no es más que la expresión pura de un eterno luto, del dignísimo y honorable minuto de silencio por mis pensamientos muertos.

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