In vino veritas, in aqua sanitas

me gusta el regalo que me da siempre la noche y el vino:
la certeza oscura e ingrata que me susurra lúcida al oído en cada trago desde la caja o del gollete
La única cosa que te debe fidelidad, tu miseria, es la única cosa que podría resistir y sostener el cuento falso de la eternidad, más aún, de lo incuestionable e indeleble.
Y yo, desparramada en ese suelo, arrinconada en la pared, oigo siempre complacida y ligera, y con cierto aire de La elegida, vuelvo a beber.

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